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Reportaje:

'Ayatollah' en versión contemporánea

Siniestro Total y el Taller Atlántico presentan en Santiago una "suite suicida" basada en los temas más famosos de la historia de la banda viguesa

La velada se preveía extraña y así comenzó. Por primera vez en sus 30 años de carrera Siniestro Total se subía a las tablas para ofrecer un concierto pero desde la parte de atrás del escenario del Auditorio de Galicia. La delantera la ocupaban los miembros del Taller Atlántico Contemporáneo (TAC), armados con violines, clarinetes, violoncello y otros artilugios insólitos en la trayectoria de los que siempre han presumido (y casi siempre con razón) de ser los más gamberros del barrio y no tomarse nunca demasiado en serio a sí mismos. Esta vez parecía que habían ido demasiado lejos, las canciones punk de los vigueses no parecían muy adaptables a la supuesta seriedad que rodea a la música contemporánea.

El ADN de la diversión está en su música aunque se vistan de gala

Sonaron los primeros acordes adaptados del Himno do Lagares y poco a poco la magia de unos temas que marcaron la adolescencia y juventud de la generación de talluditos que llenaba la sala acabó por envolverlo todo. Pese a los arreglos realizados por el compositor Javier López de Guereña, las canciones seguían siendo reconocibles e incluso en algunos momentos los instrumentos del TAC eran engullidos sin piedad por la energía roquera que desplegaba Siniestro desde la retaguardia.

Pero a medida que el concierto iba avanzando esto se iba corrigiendo y el público pudo disfrutar de unas versiones insólitas de temas que había tarareado y bailado durante décadas. Escuchar la letra de la histórica Ayatollah con el acompañamiento del sonido de los violines fue uno de los momentos cumbre de un concierto donde se demostró que, aunque han pasado tres décadas, Siniestro Total sigue conservando parte de la energía transgresora que le llevó a convertirse en una de las bandas imprescindibles en la historia del pop-rock español. The land of opportunity (La tierra de las oportunidades) es el título de este proyecto que seguramente no se quedará tan solo en el concierto que ofrecieron la noche del viernes.

El vocalista-portavoz de la banda, Julián Hernández, intervino en diversos momentos para ofrecer algunas aclaraciones poco aclaratorias sobre los objetivos y la filosofía del proyecto que culminó con la celebración del concierto. Siempre en tono irónico, Hernández presentó la actuación como una "suite suicida contemporánea" pero lo cierto es que lejos de asistir a un suicidio colectivo, la mayoría del público demostró con su complicidad haber entendido las claves de un espectáculo que debe tomarse con toda la seriedad que ha caracterizado a Siniestro Total a lo largo de su carrera. Siempre han sido un grupo capaz de hacer cosas importantes sin proponérselo y ahora van camino de conseguirlo de nuevo. Si las tiendas de discos (sí, todavía existen) están llenas de versiones de clásicos del rock en todos los estilos musicales posibles, ¿por qué no recrear un puñado de canciones que se han convertido en la banda sonora de una epoca para decenas de miles de personas?

Como no podía ser de otra forma en un concierto de la banda con más sentido del humor de la historia, las bromas se fueron sucediendo a lo largo de la noche. Una de ellas fue hacer al público que se levantase para cantar el himno gallego, que resultó ser la canción Galicia, gran carallo de sal. Tampoco faltó una miniversión contemporánea de Miña terra galega. La noche concluyó con Hernández asumiendo el papel de director de orquesta y dirigiendo a su banda con el clásico Roll over Beethoven. La gente aplaudió a rabiar y todo el mundo acabó de pie y bailando como no podía ser de otra forma. El ADN de la diversión sigue estando en la música de Siniestro aunque los músicos se vistan de gala. Ni Hernández es Von Karajan ni su banda la Filarmónica de Viena, pero han abierto un nuevo camino. Probablemente ni ellos mismos sepan adonde conduce, pero lo que es seguro es que seguirán sorprendiéndonos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de julio de 2011