Crítica:DANZA | CONVERSACIONES PENDIENTESCrítica
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El mejor Rojas al desnudo

Experimento que llega hondo y lejos, con dos temas esenciales en liza: danza para la vida y conciencia de la muerte. Una vida para el baile, manera de conjurar certezas y de avanzar en un diálogo perenne y duro consigo mismo. Meta y orden de cosas, espejo y almohada, el artista se exprime en un calculado despliegue de imágenes poderosas y desgarradas, bailes que no eluden el riesgo formal y expresivo y un formato de cámara que a la vez se tercia íntimo y coral, pues los músicos adquieren protagonismo no solo al sonar o cantar, sino en la plástica de la obra.

Ángel desdobla la imagen convencional que tenemos de él y entra en un facetado costoso y sentimental. Habla de su vida personal, la adopción de su hija, muestra un baile reflexivo y austero, usa la quinta posición clásica como un mensaje al ballet mismo, a su esencialidad vertebral.

CONVERSACIONES PENDIENTES

Coreografía y baile: Ángel Rojas; música: Roni Martín; vestuario: Vicente Soler; luces: David Pérez; vídeo: Olatz Zuazua. Teatro de La Abadía. 19 de junio.

Los dos cantaores, Yasmin Levy y Moi Sazetón (que además se ocupan eficientemente de la percusión), son parte muy responsable de la atmósfera; sus dúos y voces desgranan una tensión llena de autenticidad y buen hacer. Por su parte el bailarín se vale de su zapateado virtuoso para dialogar, expresar todo lo que ha acumulado como camino, con aquello de que la experiencia son también las formaciones rocosas de nuestros errores.

A Rojas le ha traicionado una errata diabólica en el programa de la Suma Flamenca, donde aparecía mal la hora de la velada, y esa es la razón de que no se llegara a un injusto tercio de las localidades ocupadas; aún así, el público asistente se entregó y le aupó con calurosos y merecidos aplausos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 20 de junio de 2011.

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