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Crítica:CIRCO

Siete radicales libres

Esta vez sí que sí. Circa, espectáculo de la compañía canadiense homónima, apenas tiene desperdicio: es circo puro, deshidratado y a granel, sin envoltorios ni azúcares añadidos. Un espectáculo casi de bolsillo, pero de gran impacto, donde números clásicos de acrobacia, aéreos y de equilibrios aparecen reinventados con frescura. Yaron Lifschitz, su director, y sus siete espléndidos jóvenes intérpretes se expresan con vocabulario clásico y sintaxis contemporánea.

Aunque sucede en un escenario a la italiana y tiene momentos de sorprendente intensidad dramática, no es circo teatralizado. En cada número hay algo puesto del revés, de modo que casi todos resultan inquietantes o magnéticos. Por ejemplo, uno en el que el rubio Lewis West trepa sin manos sobre la espalda a medio erguir de la pelirroja Freyla Edney, pasea sobre sus hombros como si fueran camino trillado y se sube sobre su cabeza con un solo pie, para otear el infinito desde allá arriba. "¿No es la chica la que tendría que subirse sobre el chico?", preguntaba una niñita a su madre en la fila de atrás, subrayando la potente transgresión de estereotipos.

CIRCA

Compañía: The Circa Ensemble.

Director artístico: Yaron Lifschitz.

Circo Price. Del 24 al 28 de mayo.

Emma McGovern, calzada con zapatos de aguja rojos, trepa luego y camina por la espalda de Lewis, en otra brillante vuelta de tuerca a los números de equilibrios en pareja. Circa engancha: los ejercicios de automodelado radical de Scott Grove, la insólita reinterpretación del faquirismo que hace Darcy Grant, el impactante momento de trapecio sin manos protagonizado por Jesse Scott y Emma Serjeant, el hula hop salvaje de Freyla, saturnal con siete aros rotando al ritmo frenético de La Valse a Mille Temps... El epílogo coral es pura mecánica de fluidos. El público agradeció en pie la magnífica velada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de mayo de 2011