Columna
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Frágil

Alguien nos quitó a los seres humanos el letrero de frágil. O nos lo arrancamos nosotros mismos en un arrebato de confianza del que nos arrepentimos cada noche. Si uno coloca seguidas las noticias sobre el mandatario del FMI acusado de violar a una camarera de hotel; sobre el hijo secreto de Schwarzenegger y su criada, oculto para permitirle gobernar California ocho años; sobre la muerte de un atleta olímpico keniano al lanzarse por el balcón de casa, tras ser pillado por su esposa con otra mujer, será difícil no terminar convencido de que vivimos inmersos en una inacabable tragedia grotesca. Como si no fuéramos más que perros escolarizados con permiso para mentir y derecho a rectificación.

Frágil como demostró el terremoto de Lorca. No es solo que las casas fueran vencidas, sino que tras ellas descubriéramos la precariedad que escondían, gente hacinada, lo oculto que solo se deja ver cuando cae el decorado, como descubrimos a las personas de verdad cuando se evapora la cosmética, cuando desaparece la campaña de imagen o cuando se terminan las imposturas porque nada es eterno, ni siquiera el cargo. Frágil como la democracia, que este domingo cumple en nuestro país con uno de sus ritos, seguramente denostado por estar falto de glamour, variedad y hasta fotogenia, pero al que antes de romper tendríamos que intentar sacarle el jugo.

La ola de manifestaciones parece decirle a la democracia que a veces se comporta como un pantalón de una sola pernera. La gente parece quejarse de no encontrar la opción que votar con la misma decepción con que arroja el mando si no encuentra ningún programa interesante para ver esa noche. La sensación de parálisis que los políticos han mostrado frente a las urgencias de la ciudadanía, la sumisión a la agenda financiera, ha tenido un efecto demoledor sobre la imagen del poder ejecutivo. Deberían entender que también su tribuna, hasta su plaza de toros de Valencia repleta de fieles, son frágiles como el cristal. Y nosotros entender que no somos meros espectadores que aguardan ser complacidos en sus frustraciones. El fin de semana es tan frágil, que hasta necesita la promesa del lunes.

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