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Reportaje:Elecciones municipales

Los insurrectos de la litrona

Las capitales denuncian el último año a 6.500 personas por beber en la calle

El botellón vino para quedarse, aunque sea de forma clandestina. Desde que en 2006, la Junta dio a los ayuntamientos cobertura jurídica para prohibir el consumo de alcohol en la calle, las capitales andaluzas han tratado con más o menos éxito de poner coto a esta práctica en nombre de la tranquilidad de los vecinos, la limpieza del entorno o los valores de una juventud sin alcohol.

Todas las capitales, menos Sevilla, Málaga y Almería, tienen botellódromos municipales en los que beber y hablar a placer. Todas sancionan a quienes se saltan la norma con multas que van desde los 90 a los 300 euros. El año pasado, los policías locales abrieron el bloc de multas en más de 6.500 ocasiones. Se encontraron con bebedores desinformados, que alegaron beber refresco, o quienes simplemente estaban desafiando los límites.

Todas las capitales, menos Sevilla, Málaga y Almería, tienen 'botellódromo'

Las sanciones por incumplir la norma van de los 90 a los 300 euros

En Sevilla y Málaga, los insurrectos de la litrona se rastrean con ayuda de los servicios de limpieza. Los barrenderos avisan de las zonas en las que encuentran restos de botellón y su información sirve para hacer un mapa de puntos negros para la Policía Local. En Almería no tienen grandes problemas con esta práctica. Tan sólo se incrementa en verano, en la zona del Paseo Marítimo. Entonces se les multa. Hasta septiembre de 2010 interpusieron 491 sanciones.

"Ya está asumido que no se puede beber en las calles de Málaga", asevera Mario Cortés, concejal de juventud de la ciudad. El año pasado detectaron 1.244 botellones clandestinos. "Ese dato, aunque residual, va a ser difícil bajarlo", reconoce el edil. Málaga, gobernada por el PP, costeó durante tres años un botellódromo en el Paseo de los Curas. Allí se reunían entre 1.500 y 5.000 personas cada noche de fiesta, pero el Ayuntamiento suprimió este servicio en julio de 2009 porque salía "muy caro": 6.000 euros por noche y 2 millones al año.

En Sevilla, gobernada por PSOE e IU, tampoco hay botellódromo municipal. El año pasado dedicaron 575.000 euros a limpiar la basura que se genera con esta práctica. Los servicios de limpieza tienen localizados 96 puntos negros y se interpusieron 1.353 denuncias. Hasta hace unos meses, el botellón se solía concentrar en zonas alejadas del centro, como la Isla de la Cartuja. Ahora está volviendo al casco antiguo. Suelen ser pequeñas reuniones, pero periódicamente se convocan citas multitudinarias. La última fue el 25 de marzo en la zona del Charco de la Pava. Se reunieron 6.000 jóvenes y un chico de 23 años murió de una puñalada. Su familia quiere denunciar al Ayuntamiento por permitir el botellón.

"No se puede dar todas las facilidades para que se tomen una botella de whisky en una noche, de ahí no puede salir nada bueno", considera el edil de juventud malagueño. Hace dos años, Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, propuso crear una zona de botellón donde no se consumiera alcohol. La idea no cuajó. Para suavizar la prohibición, el Consistorio pactó con los bares de Málaga una rebaja en los precios de las copas durante las primeras horas de la noche. Según el edil, los servicios de emergencia de Málaga atienden ahora menos intoxicaciones etílicas.

En Granada, con 1893 sanciones, se habilitó el botellódromo para que, en palabras de su alcalde, José Torres Hurtado (PP), la ciudad dejara de estar como un "estercolero". Los 9.000 metros cuadrados del recinto, situado detrás de un centro comercial, no impiden que se formen pequeñas reuniones en placitas del Albaicín o del centro. La oposición granadina, tanto PSOE como IU, proponen, un ocio alternativo. Creen que el botellódromo propicia que los jóvenes beban y que, en ocasiones, es un reclamo.

Con información de: Valme Cortés, Lucía Vallellano, Manu J. Albert, Manu Planelles y Marta Soler.

Repuntes en octubre y rebaja por pronto pago

Si se es aficionado al botellón, hay que tener a mano la ordenanza de cada ciudad, porque las normas varían y mucho. De no tener recintos habilitados, como ocurre en Málaga, Sevilla y Almería, se puede pasar a poder elegir entre dos superficies diferentes, como en el caso de Córdoba. Una zona se encuentra junto a la Facultad de Económicas y la otra en el recinto ferial de El Arenal, junto al campo de fútbol. En Córdoba, la sanción habitual por beber alcohol en la vía pública es de 180 euros, pero si se paga en 15 días el infractor solo tendrá que abonar la mitad. En la capital cordobesa, donde se tramitaron 622 denuncias en 2010, suele haber un repunte cada octubre y noviembre, fecha en la llegan estudiantes universitarios de otros municipios que no conocen todavía la norma. En Jaén, donde el Ayuntamiento tiene habilitada una plataforma en la parte superior del recinto ferial, tienen las multas más baratas: 90 euros por salirse de la zona permitida. El año pasado sólo tramitaron 40 denuncias. Huelva ha ubicado su botellódromo en la Avenida de Hispanoamérica, después de probar varias ubicaciones "poco viables". Cádiz permite beber alcohol en el botellódromo de la Punta, donde unos vándalos rompieron casi las mamparas de cristal que protegían a los jóvenes del viento, y cuyas obras de acondicionamiento costaron 375.000 euros. Hasta noviembre de 2010, interpusieron 1.244 denuncias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de mayo de 2011

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