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Análisis:Economía global | coyuntura nacional

Un duro camino por delante

A finales de abril, el Gobierno aprobó y envió a Bruselas el Programa de Estabilidad 2011-2014, que hasta el momento no habíamos tenido oportunidad de comentar. Es un documento de suma importancia, pues marca las líneas maestras de lo que será la política económica durante los próximos cinco años, especialmente en el ámbito de la política fiscal. Puede alguien pensar que este programa es papel mojado, dado que dentro de un año tendremos un nuevo Gobierno, quizá de un color político diferente, que podría modificar estas líneas de política. Esto es cierto, pero, en todo caso, lo que podrán cambiar serán los instrumentos para obtener los objetivos y compromisos y no tanto estos últimos. Pero, antes de comentar brevemente este documento, es obligado hacer una referencia a los indicadores más importantes conocidos en la semana, el IPC de abril y el avance del crecimiento del PIB en el primer trimestre.

El Gobierno infravalora los efectos de los ajustes en el ámbito fiscal, financiero e inmobiliario

Apenas se explicitan las medidas para lograr reducir el déficit público al 3% del PIB en 2014

Como había anticipado el INE a finales de abril, el IPC de ese mes nos dio una sorpresa negativa al situarse la inflación algo por encima de lo previsto, concretamente en el 3,8%, dos décimas más que en marzo. La responsabilidad de este aumento se la reparten a partes iguales las subidas de los alimentos elaborados y de los servicios turísticos. Los precios de los cereales y derivados, la leche y productos lácteos, el café, el cacao y el azúcar, entre otros alimentos, siguen su escalada alcista bajo la presión de los elevados aumentos de los precios de las materias primas agrícolas. Baste recordar que estos últimos aumentaron en el primer trimestre un 42% en euros respecto al mismo periodo del año anterior. La subida de la inflación de los precios turísticos se explica en parte por el distinto calendario de la Semana Santa, pero, sobre todo, por el aumento de los márgenes empresariales aprovechando la fuerte demanda, después de unos años de caídas de precios. Las previsiones de inflación para lo que resta del año no cambian, pues esta desviación al alza de abril se compensa con la bajada que han experimentado los precios del petróleo en las últimas semanas. Se espera una estabilización hasta julio y una flexión a la baja desde entonces, cuando se empiecen a descontar los efectos escalón introducidos por los aumentos de impuestos indirectos y el precio del petróleo. La tasa de diciembre se situaría en el 2,7%, y la media anual, en el 3,5%.

Esta elevada tasa de inflación debe de estar haciendo estragos en la renta real de los hogares y, por tanto, en el consumo. Por eso, entre otros factores, nos ha sorprendido el avance del INE del crecimiento del PIB en el primer trimestre, que enmienda la plana al Banco de España (cosa que casi nunca ocurre) al estimar un 0,3% trimestral, una décima más que el Banco y que lo esperado por el consenso de analistas.

El Programa de Estabilidad incluye el marco de previsiones y objetivos en el que este Gobierno piensa que debe desenvolverse la política fiscal hasta 2014. En el ámbito macroeconómico propone previsiones de crecimiento del PIB que a casi todos nos parecen optimistas (gráfico superior derecho). El Gobierno argumenta que los saneamientos y reformas en marcha potenciarán el crecimiento. Esto es así teóricamente, pero debe ser matizado, en primer lugar, porque las reformas no están siendo lo suficientemente ambiciosas para que sus efectos sean significativos y, en segundo lugar, porque posiblemente el Gobierno infravalora los efectos contractivos durante los dos o tres próximos años de los procesos de ajuste en marcha en los ámbitos fiscal, financiero e inmobiliario. No se puede sorber y soplar a la vez, dice el refrán.

En el ámbito fiscal se mantiene el objetivo de reducir el déficit público al 3% del PIB en 2013 y se añade el de 2014, que debe seguir bajando hasta el 2,1%. El problema es que, salvo para 2011, apenas se explicitan las medidas a tomar para llegar a estas cifras. Por eso, y por un escenario macroeconómico menos favorable, el FMI, en sus últimas previsiones, llegaba a 2013 con un déficit del 5% (gráfico inferior derecho). Entre esas medidas, nada se dice de la necesaria reforma de las Administraciones Públicas o de la sanidad. En definitiva, a los nuevos gobernantes y a la sociedad española les quedan muchas y duras tareas por hacer.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de mayo de 2011