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Reportaje:Estilos

La belleza del cortocircuito

La muestra 'Estación experimental' reúne la obra de 29 artistas que usan los métodos científicos de investigación

Una instalación que produce un tornado, un gato que flota en una habitación sin gravedad, un herbario de plantas artificiales, una guitarra eléctrica a la que hace sonar aleatoriamente un mecanismo activado con la presencia humana. ¿Dónde termina un museo de la ciencia y empieza uno de arte contemporáneo? El campo de este último, como el de la escultura según Rosalind Krauss, se ha expandido de tal modo que, en ese par, museo de la ciencia podría sustituirse a veces por archivo, biblioteca y facultad de filosofía. Respecto a su relación con la ciencia, baste pensar simplemente en un término fetiche: experimental. O, en otro sentido, en estas ocho palabras de John Cage: "El arte es una especie de estación experimental". Precisamente, esa frase de Cage ha servido de motor a la muestra Estación experimental, que desde hoy y hasta el 9 de octubre puede verse en el Centro de Arte Dos de Mayo, en Móstoles. Luego viajará al centro LABoral de Gijón.

"Más que la estética, interesa el proceso", dicen los comisarios

Como recuerdan los comisarios de la colectiva, Andrés Mengs y Virginia Torrente, el músico y artista estadounidense es uno de los "padres" de la exposición. Los otros son Marcel Duchamp, Jean Tinguely y Robert Smithson. Siguiendo la estela de esos, con perdón, clásicos, Estación experimental reúne la obra de 29 artistas internacionales nacidos en su mayoría en los años setenta y ochenta. Muchos de ellos -doctorados en la escuela patafísica del profesor Franz de Copenhague- recorrían ayer un montaje organizado en torno a cuatro ejes: el estudio como laboratorio, el trabajo de campo como método de investigación artística, la construcción de artefactos capaces de producir imágenes o sonidos y el relato documental de historias cercanas a la ciencia ficción.

"Lo primario", explica Torrente, "no es lo estético sino la investigación, el juego de prueba y error, el azar, el cortocircuito, el proceso". "Ese es uno de los grandes puntos de unión entre ciencia y arte contemporáneo", añade Mengs.

Entre las piezas más pegadas a la indagación sobre fenómenos naturales está Las limitaciones de la lógica y la ausencia de la certeza absoluta, un montaje del británico Alistair McClymont que produce un tornado a escala humana. "No hago más que copiar la naturaleza", explica el artista atravesando una estructura de andamios, tubos y ventiladores cuya ubicación precisa produce una maravillosa columna de vapor que se retuerce. "La primera vez que funciona es una sensación... En un tornado hay algo de sublime, es decir, bello, efímero y terrorífico". ¿Nunca ha pensado en forzar el ilusionismo ocultando la tramoya que produce el fenómeno? "No. Me gusta que sea bonito, pero me interesa también su conexión con el conocimiento. Hay una belleza en entender cómo funcionan las cosas".

Junto a la sutileza del juego de luces y sombras de Jan Tichy o a la rotundidad del espacio sonoro creado por Esther Mañas y Arash Moori, Estación experimental reúne piezas que van desde las fotografías con la que Caleb Charland documenta sus experimentos (caseros) de física a la mínima pero contundente intervención de Luis Bisbe: un hueco en el muro de pladur deja ver las tripas de la sala. "Hacer visible lo invisible", cuenta, "ha sido siempre parte fundamental del arte".

La prueba de fuego de la exposición será el paso del tiempo, el momento, por ejemplo, en que las conexiones eléctricas se resientan o algunas de las piezas se deteriore. ¿Tiene sentido un tinguely desenchufado? Más de un museo los ha expuesto así. Los comisarios de Estación experiental son conscientes de la paradoja y la asumen: "Muchos artistas cuentan con el desgaste de sus obras. Forma parte de ellas porque más que el fin concreto interesa el continuará".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de mayo de 2011