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Crítica:DANZA

De negro y por derecho

Vuelve a Madrid el bailarín-bailaor cordobés con la reposición de Calé, una obra resumen donde se palpa su evolución. La obra está retocada, se apoya más en la tecnología, los vídeos y otros efectos electrónicos que a veces superan lo deseado, como en la amplificación del suelo acústico que priva de matices a su virtuoso taconeo. Y es que Joaquín sigue siendo el mejor de su generación, es artista intuitivo de lo que el público va a reclamar de él, se esmera y afana en la tarea de sacar adelante una velada de más de hora y media donde suda el vestuario generosamente.

Esta vez se enfunda en un ceñido esmoquin, casi una malla de ballet, que permite glorificar su figura, aún en forma óptima y frasear un dibujo lleno de acentos y modismos algunos vernáculos y otros de cosecha propia, muy articulados en su geometría y en su gusto.

CALÉ / JOAQUÍN CORTÉS

Coreografía y baile: Joaquín Cortés; música: Antonio Carbonell, José Carbonell "Montoyita" y J. Cortés; vestuario Giorgio Armani.

Teatro Calderón. 5 de mayo.

Ese suelo especial le jugó una mala pasada, algo inusual en un bailarín tan seguro y potente, pero pasó, y así hay que reseñarlo. El resbalón traicionero no le restó fuerza, al contrario, se creció y regalo momentos intensos. Las seis mujeres que bailan a su son y cuerda también se entonan al estilo y a una textura más comercial donde se acerca al jazz y a lo étnico con un dominio la capacidad rítmica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2011