Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:MÚSICA | PERFIL

De Malasaña a Castelldefels

Josele Santiago no quiere dar Lecciones de vértigo, aunque el título de su nuevo disco así lo sugiera. Más ácido y reflexivo que de costumbre, el que fuera cantante de Los Enemigos publica su cuarto trabajo en solitario, en el que ha recuperado la guitarra eléctrica y el rock más clásico en 13 canciones propias: "A la hora de componer cada vez tengo el listón más alto"

Josele Santiago llega con su guitarra colgada del brazo. Luce aspecto envidiable, curtido por el sol y buen tono físico. Viene del bar de la esquina donde acaba de desayunar. Conoce bien la tortilla de patatas del local. "Se les ha ido la mano con la sal", apunta con voz cavernosa al tiempo que se queja del ruido de la televisión encendida a todo volumen. Del rito de las cañas a media mañana se ha olvidado hace más de dos años y lleva ya algunos meses sin fumar, como algunos de los miembros de El Volcán, su actual discográfica. "Cosas de la edad", apunta el músico, que lleva una buena temporada limpio de todo. "Quería seguir aquí y, en mi caso, la retirada debía ser total. Lo último el tabaco". En esa dirección se mueve últimamente el maestro pocero, como a él le gusta que lo llamen. Hace un tiempo que este músico y compositor, de 46 años, dejó las calles del madrileño barrio de Malasaña para instalarse en la localidad catalana de Castelldefels. Su nueva vida se resume en tocar la guitarra, preparar canciones nuevas, pasear por el monte con sus perros, trabajar en ratos libres haciendo una suplencia en una clínica veterinaria -"mi otra pasión son los animales"-, escribir relatos y, en plan gran fiesta, ir al cine cuando se acerca hasta Barcelona a buscar a su mujer a la salida del trabajo.

MÁS INFORMACIÓN

No tiene Facebook ni le interesa tuitear, lo que, a estas alturas del siglo XXI y más tratándose de un músico con una lista larga de incondicionales, ha acabado por convertirlo "en una especie de ermitaño", aunque personalmente siente que se encuentra perfectamente informado.

Josele reconoce que trabaja con mentalidad CD. Va componiendo canciones y cuando cuenta con 12 o 13 temas piensa: "Ya tengo disco". "No soy nada prolífico. Voy barruntando cosas en mi cabeza, tomo algunas notas, pero hasta que no las toco no salen. Después, cuando todo se ha acabado, vuelvo a la carga, apunto ideas nuevas y las voy dejando para cuando llegue el momento de ponerme a trabajar en serio sobre ellas", añade. Lecciones de vértigo, su cuarto trabajo en solitario, ha seguido un camino pelín más complejo por asuntos de "logística" empresarial, que confiesa no entender demasiado porque, dice, los temas llevaban esperando medio año. Como novedad, Lecciones de vértigo ha recuperado la guitarra eléctrica y el rock más clásico, el que le vuelve loco desde que era un adolescente. "No hemos respetado el directo riguroso de otros álbumes; solo grabamos así las bases de guitarra, bajo y batería. Antes lo sacrificaba todo por el resultado final, pero esta vez quería cambiar de dinámica. Las canciones admitían más chicha y son las que mandan. Finalmente, el resultado me convence mucho, he ganado espacio como guitarrista y como cantante".

Josele suena más cuerdo que nunca. Las nuevas canciones de este crooner castizo siguen siendo un fiel retrato de su trayectoria vital. La libertad de alguien decidido a seguir su camino. Lecciones de vértigo se abre con Hagan juego, una mirada que vale para al pasado destroyer del propio artista o el presente golfo de los que siguen quemando las calles: "Puede que no sea volar. / No tenerle apego al suelo. / Alto solo es un lugar. / Vulgar. / Para el cielo", canta. Entre los temas escogidos para el álbum destaca también El lobo, su personalísimo homenaje a Antonio Vega. "El detonante no fue su muerte sino los comentarios, hubo declaraciones que me tocaron los huevos por su conmiseración. Esa envidia disfrazada de compasión. Cuando las cosas te van mal, siempre esa coletilla de: 'Te lo dije'. Ahí se me ocurrió que la respuesta posible era una especie de grito, algo así como 'más tristes son ustedes". Josele sabe bien de lo que habla, sus recaídas y sus recuperaciones formaban parte de la leyenda negra de la vida nocturna madrileña de una época. El resultado de ese revulsivo suena así: "Calles. / Conozco sus finales sin fin. / Las calles animales. / Donde nací. / Todo. / Lo que sé lo sabe el lobo. / Loco. / Siempre acorralao".

En la manada de lobos ha habido muchas bajas, "¡lamentablemente!", pero el reverso de esa melodía se llama Sol de invierno, un tema dedicado a "los que todavía seguimos aquí". Sobresale, por su valor sentimental, Pae, un homenaje a su padre, fallecido de un cáncer de pulmón en un hospital de Cádiz mientras en las calles cercanas se celebraba el carnaval por todo lo alto: "Empecé a escribirla allí mismo en plena agonía. Tenía imágenes de sobra que fui puliendo sobre la marcha. Esas cosas se viven con un punto de narcosis, las chirigotas se colaban por las ventanas, aquello era de pellizcarse".

Para sobrevivir como músico en la era Internet conviene decir sí a cualquier propuesta de subir al escenario. Josele lo practica en todas las versiones, solo con la guitarra, con algunos músicos o con toda la banda. "Solo así salen las cuentas, pero, si tengo que escoger, prefiero ir acompañado".

Josele Santiago. Lecciones de vértigo. El Volcán. El día 12 de mayo presentará el disco en Valencia, el 13 en Alicante, el 18 en Vigo y el 19 en A Coruña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2011