Columna
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Lumet

"Si un día tu nombre llega a ser trending topic te llevarás una gran alegría. O no. Porque tendrás un 50% de probabilidades de estar muerto". Esto lo dice un amigo mío en Twitter, una herramienta joven pero que ya es capaz de ser metalingüística. La velocidad es lo que tiene. Sidney Lumet, un director de cine que renegaba del ordenador y que se consideraba un artesano desconocido para el gran público, fue trending topic el día de su fallecimiento. Le habría dejado alucinado o más bien no sabría de qué demonios le estarían hablando. Recuerdo a Lumet porque el tweet antes mencionado podría ser el título de una película suya. Además una de las personales, ya que como todo profesional del cine hizo películas que consideró más suyas y otras que pagaron las facturas. Lo admirable de Lumet es que realizaba ambas tareas con el mismo oficio, de una forma concienzuda y apasionada.

Sidney Lumet escribió el que para mí es el mejor libro sobre cine jamás publicado. Su título original (Making movies, o lo que es lo mismo hacer películas) no tenía nada de pretencioso pero la edición española se decantó por un Así se hacen las películas mucho más categórico ("Así se hacen, de otra manera no se puede"). Nada que ver con el contenido del libro que expone el oficio de cineasta de la forma más humilde, accesible y generosa que uno pueda imaginar. Lumet habla de lo que le ha pasado a él con su trabajo, no pontifica, simplemente expone su manera de afrontar un proyecto. Si esto le sirve a un futuro director, estupendo. Si no, no pasa nada. Pero es prácticamente imposible escapar a la pasión que Lumet pone en su profesión. Ese amor al proceso de hacer una película es contagioso, porque motiva y anima a hacer películas. Él hizo obras maestras, películas entretenidas y algún que otro bodrio. No era en absoluto un genio, un visionario, sino más bien un estupendo director de cine que conseguía de los actores interpretaciones maravillosas, que extraía del guión todas sus posibilidades, que no tomaba decisiones de tono o ritmo a la ligera.

Por casualidad su muerte coincide con la salida de DVD de muchas de sus películas, las menos conocidas, las que ahora mismo estaba empezando a descubrir. Una semana antes de que muriera vi La ofensa, una película que rodó en Inglaterra con cuatro duros y que es una de sus mejores películas. Y hace unos días leía en una antigua entrevista que La colina, otra cinta suya con Sean Connery como protagonista, era una de las películas favoritas de Woody Allen. Quizás es porque soy fanático de este oficio pero que un director como Allen admire el trabajo de un colega suyo con el que no tiene nada que ver me emociona. Cada uno es sentimental a su manera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de abril de 2011.