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Entrevista:JOSÉ CARLOS MARTÍNEZ | Director de la Compañía Nacional de Danza

"No soy buen chico, pero sé parecerlo"

Pregunta. Su nombramiento suscitó bastante consenso. ¿No le mosquea tanta unanimidad?

Respuesta. Todo el mundo me quiere, por ahora. Habrá que verlo cuando hagamos el primer espectáculo.

P. Se incorpora en septiembre. ¿Hasta entonces la Compañía puede respirar tranquila?

R. Hombre, yo espero que la Compañía respire tranquila a partir de septiembre, sobre todo. Quiero inculcar nuevas cosas y dar aire.

P. A su antecesor, Nacho Duato, el ballet clásico le daba sarpullidos. ¿Usted va a remediarlo?

R. Vamos a ver lo que pueden hacer los bailarines que tenemos. Yo quiero llevarles al límite de sus posibilidades.

P. Parece que han empezado a invertir en zapatillas de punta. ¿Qué se preparen, cisne arriba, cisne abajo?

R. La zapatilla de punta va a volver a la Compañía. Ahora, transformarse en cisnes no creo que llegue muy rápido. Cuando haya algún cisne, lo meteremos en el lago. Mientras tanto, haremos lo que ellos puedan.

P. ¿Cisne blanco o cisne negro?

R. Yo, multicolor.

P. ¿Cuál ha sido su pirueta más difícil?

R. Cuando dejé a mi familia y me fui a Francia para aprender a bailar. Y el hecho de decidir que iba a empezar a hacer piruetas, y que eso sería lo más importante de mi vida. Antes, yo quería ser médico.

P. Dice que a los dioses se les olvidó adornarle con algunos dones. ¿Qué le falta?

R. Para empezar, unos cuantos kilos. Desde siempre me han dicho que estaba demasiado flaco para hacer ballet. También me hubiera gustado tener un poder de decisión más claro sobre lo que quiero hacer y ser más egoísta, pensar en mí el primero.

P. Solo piensa en los demás. Es como Teresa de Calcuta.

R. Tampoco llego a tanto [ríe]. Ese don tampoco me lo dieron, pero me acerco más a Teresa de Calcuta que a un superegoísta.

P. ¿Qué tiene de príncipe de El lago de los cisnes?

R. El cuerpo, el físico y las condiciones para hacerlo. Pero aquí dentro [se toca el corazón] yo soy el cisne negro. Aunque dentro del cuerpo del cisne blanco.

P. Tiene un lío entre Odette y Odile que no se aclara.

R. Que no me aclaro yo, no. Me han dado las posibilidades de Odette con el cerebro de Odile.

P. ¿Ser de Cartagena imponía en París?

R. Sí. Además, al llegar todos pensaban que yo era francés, porque primero estuve en Cannes cuatro años, y hablaba francés. Ser español ya les sorprendía, y luego de Cartagena, aún más. Nadie sabe dónde está, y los pocos que la conocen dicen que está en Colombia.

P. Y usted tenía que explicarles lo de la huerta.

R. Y lo de las naranjas. Se sorprendían de cómo un chico de allí estaba en la Ópera, con ellos.

P. El tribunal de su entrada en la Ópera lo presidió Nureyev. ¿Cómo le engañó?

R. No le intenté engañar. Bailé un trocito de Cascanueces, una variación obligatoria que había allí, y unos giros a la segunda. Le impresionó que al ser tan joven pudiera hacer eso. Aunque era demasiado alto y demasiado flaco.

P. Lo de flaco puede arreglarlo ahora aquí, en cuanto empiece a mojar pan en la morcilla.

R. Eso dice mi hermano mellizo, que es como yo, pero con unos cuantos kilitos más y un poco de barriga. Ahora seguiré entrenándome un poco, para que no llegue eso muy rápido.

P. ¿Es más pasión o más disciplina?

R. Como bailarín, más disciplina. Pero con un poco de pasión dentro. Yo he sido más bailarín que persona algunos años, porque en la Ópera tenía que ser así. Ahora, dejar de bailar me va a liberar de un montón de cosas.

P. ¿De qué es capaz por amor?

R. De cruzar el Sena a nado.

P. ¿Qué le hace perder el sentío?

R. Tener ganas de pasármelo bien, aunque no lo parezca, porque así con las gafas, y la camisita blanca...

P. Claro. Hasta parece un buen chico.

R. No soy un buen chico, pero sé parecerlo.

P. ¿Cuánto valen sus pies?

R. Pues depende de cuál. Es que hay uno que ya empieza con la artrosis en el dedo gordo. Pero, en teoría, han valido bastante. Yo le daría unos 10.000 euros al derecho y 500 al izquierdo.

P. Qué baratito, el izquierdo.

R. Vamos a quedarnos con el izquierdo, ¿no? [risas] Y si puede regalarme otro derecho, pues mejor.

P. ¿Qué se nota al ser estrella?

R. Pues mucha presión. Cuando eres joven bailarín, todo te está permitido. Cuando eres estrella, tienes que asumir esa carga. En el escenario me quito las gafas y la camisa y me suelto el pelo. Me transformo en un montón de personajes, soy todos ellos y me lo paso bomba.

Perfil

Dentro de unos días cumple 42 años, y el aún bailarín estrella de la Ópera de París, que tiene pinta de prudentito y modoso -hasta que, según cuenta, le da por marcarse unos pasos sobre la mesa de un restaurante-, sabe que, cuando se traslade a Madrid, se normalizará "muchísimo", porque hasta ahora dice que iba un poco como con corsé. Adora París, cocinar, estar con los amigos y hacer submarinismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de abril de 2011

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