Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:MÚSICA

El rock en la era de Skype

Pop español en inglés que no suena a indie. Una banda dividida entre Madrid, EE UU y Reino Unido que trabaja vía e-mail. Así es como The Monomes se sacude las etiquetas.

"Se buscan músicos para grupo". Así, a secas. Con este escueto anuncio en el tablón de una escuela de música nacía The Monomes, la nueva apuesta de la multinacional Sony. David Hachuel, flasheado por la película School of rock, donde Jack Black hacía de rockero metido a profesor de instituto, acababa de empezar a tocar la guitarra. Rafael Cebrián, compañero de curso en el cole, estudiaba piano y llevaba unas pocas semanas aporreando la batería. Tenían apenas 15 años. Tras un casting por el que pasaron 12 o 13 personas, aparecieron Eddie Morrow, que se acababa de comprar un bajo, y el cantante, Edward Frank, a través del dentista de David. Clara Collantes, la última incorporación al grupo, llegó con su guitarra desde el circuito indie madrileño hace un par de años.

Intercambian archivos 'online', se reúnen vía Skype y ensayan durante las vacaciones

Seis años y medio y un crédito ICO -para financiarlo- después, han grabado su segundo disco, Sweet champagne, un trabajo de rock. ¿A secas? "No, consideramos que tenemos raíces americanas. Nos interesa el rock clásico". Y aquí es donde se admiten interpretaciones. "Pero no hablamos de nostalgia", dice Rafael. "Ni solo de Chuck Berry", aclara Edward. "También de Bruce Springsteen, un clásico que hoy sigue haciendo buena música". Clara amplía el abanico: "O Jack White, que nos gusta a todos, y que a lo mejor todavía no es un clásico, pero se basa en el rock de antes".

Su música evidencia también cierto ramalazo grunge, quizá por el lado más domesticado. Red Hot Chili Peppers y Pearl Jam están en su santuario común, y la voz de Edward remite de inmediato a la de Chris Barron, cantante de Spin Doctors. "Es parte de la música con la que crecí", admite. "Mi hermano es cinco años mayor, y he mamado de Nirvana, Smashing Pumpkins, Counting Crows...".

Una vez resueltas sus señas de identidad, tuvieron que enfrentarse a la realidad. "Las primeras trabas que nos encontramos fueron que cantábamos en inglés y hacíamos rock". Credenciales suficientes para convertirlos en un quebradero para cualquier multinacional, por no poder alinearlos ni junto a Kings of Leon ni junto a Melocos. El disfraz del idioma lleva de inmediato a pensar que estamos ante un grupo indie, algo que hace bastante gracia a todos los Monomes. "Tras escuchar este disco, mucha gente empieza a decir que lo somos", reflexiona Rafael. "Y yo no le hago ascos al indie; al contrario, escucho a grupos como Of Montreal o Passion Pit. El indie es un fenómeno social, pero no creo que sea un fenómeno nuestro". Y aquí entramos de nuevo en las interpretaciones, porque las fronteras entre lo comercial y lo alternativo se diluyeron hace ya demasiado como para prolongar el debate. Tal y como resume Edward: "Al final no te queda claro ni qué es mainstream ni qué es indie". Clara está de acuerdo. "Yo soy mayor que ellos, tengo 32 años [el resto tienen 22, menos Edward, que cuenta 25], y a mí me hablan de indie y pienso en lo que se llamó en los noventa música alternativa. O en programas como Alternative nation, de MTV. O cuando empezó lo alternativo aquí, en Malasaña [Madrid]. Es un concepto desfasado. En su momento, Nirvana se convirtió en un grupo mainstream porque llegó a un público masivo gracias a MTV, que estaba muriendo, asfixiándose a sí misma, y necesitaba encontrar nuevas fórmulas".

De igual modo, The Monomes aspiran a hallar una receta propia saliéndose de las consignas estereotipadas de "sexo, drogas y rock and roll". Ensayan por las mañanas y consideran, en palabras de David, que "las drogas no son un requisito para hacer buena música". Rafael señala a Minor Threat o Fugazi, emblemas del movimiento straight edge (hard-core antidrogas), y Clara, a Frank Zappa ("que experimentó más que nadie en la psicodelia y aborrecía las drogas"), como claros ejemplos de una ruta limpia hacia el éxito.

En su camino, ellos ya se han topado con más de un prejuicio y algún que otro chisme. El principal, ese que dice que no ensayan. Rafael y David ultiman sus estudios en Estados Unidos (el primero, de arte, literatura e interpretación de teatro; el segundo, de matemáticas e industria musical), Eddie vive en Manchester (donde está acabando relaciones internacionales), y Clara y Edward están en Madrid (él acaba de graduarse en arquitectura técnica y ella toca con otros grupos como Autonautas o Nagasaki). "No paramos de intercambiar archivos por e-mail, de hacer reuniones por Skype y de ensayar cada vez que nos juntamos en verano, Navidad o Semana Santa".

Uno de los momentos más surrealistas de su carrera fue cuando a Rafael le tomaran unas fotos con su amiga la actriz Emma Watson (Hermione en las adaptaciones cinematográficas de Harry Potter) viendo un partido de hockey. El batería sentía así la primera embestida de los medios de comunicación por asuntos completamente extraprofesionales. En noviembre de 2009, el eco llegaba al blog de Perez Hilton, cotilla oficial del famoseo de Los Ángeles. "Y a Vanity Fair, y al New York Post...", añade, restándole importancia. "La verdad es que conozco a Emma desde hace mucho tiempo y es una de mis mejores amigas. La quiero un montón y creo que tiene un talento tremendo, pero nada más. Además tengo que decir que es una gran amante del rock y le encanta The Monomes". Sus compañeros del grupo le ayudan a quitarle hierro al asunto, bromeando con que Emma Watson se podría convertir en su mejor promotora en Inglaterra. "¡Ya le regalaremos un par de camisetas de Monomes para que se las ponga en el photocall de Harry Potter!". n

Sweet champagne,

de The Monomes, está editado por Sony Music.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de abril de 2011