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Reportaje:

Mourinho, Rosell y los contrastes

El presidente del Barça se disculpa por su fanfarronería del 5-0 en la Copa y el técnico del Madrid acepta con nobleza su derrota ante Preciado

En la semana en que Sandro Rosell se pasó de fanfarrón y Guardiola pecó de tonto, Mourinho fue un hidalgo en la derrota. En la semana en la que el Madrid jugó a la hora que más le gusta a su técnico, Mou dijo que pudo haber negociado un 0-0 ante el colega al que acusó de adulterar la competición y el Sporting de Preciado hizo saltar la banca en Chamartín. En la semana en la que los dos grandes padecieron una catarata de bajas, el Barça quiso ser el Barça ante un hueso como el Villarreal y el Madrid, un tanto cavernario, se desangró a pelotazos ante un adversario que estaba a tres puntos del descenso. A dos semanas del clásico, Valdés y Busquets se buscaron una tarjeta sin cuchicheos desde el banquillo.

En una jornada sabatina de tanto contraste se sucedieron las rectificaciones. Mou soportó con honor la derrota e hizo de escudo a sus chicos a pie de campo. Luego, fue al camerino del Sporting y felicitó a sus verdugos. Quizá el portugués también hiciera examen de conciencia ante Preciado. Los datos, que tanto le gustan, son elocuentes: el cántabro ha utilizado a 22 futbolistas diferentes en sus citas con madridistas y azulgrana. Sin fraude, Preciado administra su plantilla con celo.

En lo que no se corrigió Mourinho fue en su frecuente vocación por el fútbol frontal y, por tanto, su desapego a jugadores como Granero. Mou se jugó la Liga con Lass y Khedira en los fogones y un pelotón de futbolistas desparramados por el área de Juan Pablo. "Nos faltó creatividad", dijo, tras haber relevado al más ingenioso, para esgrimir las bajas de Marcelo, Alonso, Cristiano y Benzema. El portugués tiene sus gustos y, como en España hay otros paladares, cualquier coartada le basta. Es sorprendente que con su babélica experiencia, se le pase siquiera por la cabeza gestionar un 0-0 con el Tottenham. Hay otra lectura: Mou es rehén de sus futbolistas, como los mortales.

También Guardiola, por supuesto. A diferencia del luso, el catalán fideliza su guion con ausencias o sin ellas. En el caso del Barça, para bien o para mal, los jugadores se deben adaptar al molde del equipo. Donde no encaja Granero sí enhebra Thiago. Sin otra mutación que la obligada de los futbolistas, el Barça se quedó a unos centímetros del título con un gol trenzado por sus dos centrales y sellado por Piqué tras mecer la pelota con el brazo izquierdo. Horas antes, una mano de Lora tampoco se sancionó en Madrid. Nada dijo Mourinho, noble como pocas veces tras una derrota. A veces, este hombre digiere mejor las penas y se avinagra con el éxito. Ya lo hizo en el Camp Nou, cuando el calendario le hizo compartir día y hora con el Barça (5-0): "Esta derrota es fácil de digerir". No para el victorioso. Ayer, Rosell se disculpó por vaticinar el 5-0 en la final de Copa. Antes, Guardiola se reconoció un pardillo por un supuesto enredo mediático italiano. En España solo arriesga en ruedas de prensa.

Contrastes y más contrastes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2011