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Análisis:EL ACENTO

Mentirijillas católicas

San Agustín distinguía ocho tipos de mentiras. Santo Tomás de Aquino, solo tres. La vicepresidenta del Gobierno catalán, Joana Ortega, más laxa en asuntos doctrinales, prefirió ayer hablar de "errores de transcripción" para justificar que en la página web de su departamento apareciera como licenciada en Psicología cuando no lo es. "Mi licenciatura está pendiente de una asignatura y media", subrayó Ortega, que ayer, en sede parlamentaria, declaró: "No acostumbro a decir mentiras". De hecho, la dirigente democristiana, ante lo publicado, hizo un mea culpa el pasado lunes y confesó públicamente que no está en posesión del título universitario.

Quizás por impulso meritocrático, tal como corresponde al "Gobierno de los mejores" -según Artur Mas-, la mano invisible de algún funcionario decidió aprobar la asignatura y media que le falta a la vicepresidenta para estar en la orla de fin de carrera. Pero la hemeroteca e Internet son implacables y permiten mostrar que estamos ante un caso de mentirijillas reincidentes.

La política democristiana ha aparecido en otras webs -como la del partido, por ejemplo- como psicóloga, lo que ya se ha rectificado. La democristiana, pillada en falso, ha expresado su firme propósito de enmienda.

Y es que la diversidad de puntos de vista sobre la mentira de los padres de la Iglesia se traslada a los políticos, por democristianos que sean. Ahí está el bávaro Karl-Theodor zu Guttemberg, que dimitió de la cartera de Defensa del Gobierno alemán por plagiar su tesis doctoral. Puestos en cuestiones teológicas, ¿es más grave plagiar 270 de las 400 páginas de una tesis doctoral que decir que eres licenciada cuando te falta una asignatura y media?

Estamos ante una licenciatura española y un doctorado alemán, que requieren distintos baremos a la hora de valorar la enjundia académica y la venialidad o gravedad del pecado.

La ventaja de ser católico, como sucede con el bávaro y la catalana, es que con la confesión se alivia la conciencia. Aunque en unos casos se dimita, y en otros, no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de marzo de 2011