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Crónica:SILLÓN DE OREJAS
Crónica
Texto informativo con interpretación

Metamorfosis de lo sublime

Manuel Rodríguez Rivero

A lo mejor todavía quedan paisajes sublimes, pero sospecho que la mayoría son interiores. Claro que lo sublime ya no es lo que fue para los que nos precedieron. Para los romanos la suprema belleza no estaba lejos del locus amoenus: una naturaleza controlada por el hombre, ordenada, armónica, civilizada. Como señala Remo Bodei en su ensayo Paisajes sublimes. El hombre ante la naturaleza salvaje (Siruela), los que estaban más allá de la civilización eran considerados loci horribili: las selvas, los desiertos y los páramos incultos donde residía lo desconocido. En el siglo XVIII, como se sabe, tuvo lugar el cisma entre lo bello y lo sublime: a diferencia de lo sublime antiguo, lo sublime moderno se refiere a las fuerzas de la naturaleza sin domar. De ahí que inevitablemente su contemplación se cargue de sentimientos de inquietud, de angustia, o de terror: sin ellos no puede darse la suprema belleza, la que convoca el pensamiento e incita a la creación. Tras analizar los escenarios de lo sublime (montañas, océanos, bosques, volcanes, desiertos) y la fascinación que han ejercido en el pasado, Bodei constata sus posteriores metamorfosis. Con la naturaleza domeñada, el progreso técnico y el turismo de masas, lo sublime migra de la naturaleza a la historia y, más tarde, a la política (incluida la guerra). Olvidamos que la naturaleza es terrible hasta que, de repente, se desencadena su furia telúrica (tsunamis, terremotos, tornados). Entonces pensamos que quizás se esté vengando de nuestro maltrato. Mientras tanto, los lugares de lo sublime se han trasladado al espacio sideral, donde también ha llegado el hombre. De los paisajes de lo sublime habla asimismo a su manera Melancolía del hielo (Editorial Regional de Extremadura), de Javier Guijarro Ceballos, un interesante ensayo que se centra en el atractivo literario de esa (aún) inhóspita y desolada tierra de nadie (al menos desde el punto de vista jurídico) que es la Antártida. De la fascinación que ese continente ha ejercido como último refugio de lo sublime dan buena cuenta no sólo los grandes relatos de exploración, sino tres estupendas novelas de misterio y horror: la Narración de Arthur Gordon Pym (1838), de E. A. Poe; La esfinge de los hielos (1897), de Julio Verne, y En las montañas de la locura (1936), de H. P. Lovecraft. De las tres he recordado ahora el frío encendido y sublime con que las leí, hace ya mucho tiempo.

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'Best sellers'

Tranquilos: sigue habiendo vida literaria más allá de Mar de fuego (Grijalbo), el nuevo best seller de Chufo Lloréns ambientado (como su anterior novela (Te daré la tierra) en la Barcelona del siglo XI, una ciudad y una época -la Edad Media- que algunos autores han redescubierto como filón de una nueva tanda de novelas históricas. Estos días las mesas de novedades se van llenando de (presuntos) superventas que compiten por obtener los favores de lectores menos proclives a la compra por impulso que en los casi olvidados tiempos de alegría consumista. De ese tipo de libros con vocación (o resultado imprevisto) de ventas millonarias habla con conocimiento de causa Sergio Vila-Sanjuán en Código best seller (Temas de Hoy), un ensayo a la vez legible y documentado en el que se analizan las características y las diferencias regionales del producto, además de proponernos un (problemático) canon. En todo caso, no duden de que, con el Día -y la Noche- del Libro ya próximos, podrán encontrar en las librerías otros muchos materiales de más enjundia literaria (pero -ay- menos vendedores) que el de Chufo Lloréns. No olviden, por sólo referirme a dos muestras de la narrativa traducida más reciente, la desasosegante Cuando cae la noche, de Michael Cunningham (Lumen), otra vuelta de tuerca al viejo mito (literario y cinematográfico) del extraño inesperado, como el visitante de Teorema -la estupenda película de Pasolini- que, cuando llega, trae consigo el desorden y el derrumbe catastrófico de las certezas sobre las que construimos nuestras vidas: Mizzy, el joven que llega para alojarse en casa de su hermana mayor (hasta entonces) felizmente casada me recuerda en cierto modo al Tadzio de Muerte en Venecia. Y tampoco olviden la recopilación de Cuentos completos de Evelyn Waugh (RBA), una contundente demostración de que la ironía y el humor pueden ser elementos fundamentales de la gran literatura. En cuanto a los best sellers pretéritos, consulten el canon que propone Vila-Sanjuán: hay al menos una veintena que aguantan la relectura. Búsquenlos en su biblioteca.

Historias

Algunos historiadores dedican buena parte de su vida profesional a corregir y reescribir los trabajos con los que se dieron a conocer. Lo hizo, por ejemplo, Henry Kamen (Rangún, 1936), que publicó su primer estudio acerca de la Inquisición en 1965 y se tomó más de treinta años para lograr esa imprescindible síntesis que constituye La Inquisición española, una revisión histórica (1997), de la que Crítica acaba de publicar una nueva reedición. Hace años que el desmitificador libro de Kamen se convirtió en un clásico (además de un modesto best seller) que ha señalado nuevos caminos de investigación (ahí tienen, por ejemplo, Los orígenes de la Inquisición española, de Benzion Netanyahu, 1995) de los que él mismo se hizo eco en su última "revisión". A Manuel Aznar Soler le ocurre algo parecido: su espléndido libro República literaria y revolución (1920-1939), publicado recientemente por Renacimiento en dos volúmenes, reordena, desarrolla y revisa algunos de sus más importantes trabajos de casi cuatro décadas acerca de las vanguardias españolas de los años veinte y de la literatura de combate (fascista y antifascista) surgida durante la República y la Guerra Civil. Aznar trata de reconstruir el "hilo rojo" de la literatura, desde aquella vanguardia "que juega" (en expresión de José-Carlos Mainer, autor del prólogo) a la que se hizo "insurrecta o comprometida" a comienzos de los treinta, y en la que tuvieron un protagonismo indiscutible los escritores comunistas y sus "compañeros de viaje", cuyos puntos de vista se manifestarían (con repercusión global) en los dos Congresos Internacionales de Escritores para la Defensa de la Cultura. Otro ejemplo de síntesis y reescritura es el que ha realizado Pelai Pagès en la biografía Andreu Nin, una vida al servicio de la clase obrera, publicada recientemente por Laertes (en un volumen en el que se echa de menos mayor cuidado editorial: la paginación del índice, por ejemplo, es incorrecta). Pagès, cuyo primera biografía política de Nin apareció (editorial Zero) en 1975, se ha beneficiado para la última versión de su libro no sólo del trabajo de otros estudiosos, sino también de la apertura de los archivos soviéticos y del hallazgo del expediente Nin en los archivos de la Dirección General de Seguridad: los capítulos dedicados a su larga estancia en la URSS y a su tortura y asesinato aportan nuevas perspectivas tanto sobre la vida y muerte del líder del POUM como acerca de los gravísimos conflictos que desgarraron a la izquierda española durante la guerra.

Ilustración de Max.
Ilustración de Max.

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