Reportaje:

El abrazo del Pizjuán

El gol al Lyon reivindica a Benzema después de tres meses de guerra fría con Mourinho

Por su carácter suave y distante José Mourinho le apodó El Conejo. Si hubiera previsto que haría los goles que hace desde hace un mes quizá le habría bautizado como El Hurón. O tal vez La Rata Salvaje, por insistir con el orden de los roedores.

Quizá Mourinho no se lo esperaba. Pero Benzema no solo es el máximo goleador del Madrid en la Champions. Está metiendo los goles más decisivos del equipo esta temporada: el que significó medio pase a la final de Copa, en el Sánchez Pizjuán, y el que hizo el martes en Gerland, que puede sellar el pase a los cuartos de la Liga de Campeones por primera vez desde 2005.

Dicen quienes le ven trabajar a diario que Mourinho no solo calcula los apodos. Calcula todo. Incluso lo que deben decir los miembros de la plantilla en público. Palabra por palabra. El día de la ida de la semifinal de Copa en el Sánchez Pizjuán el técnico improvisó sobre la marcha la conferencia de prensa que celebró su ayudante de campo, Aitor Karanka, en previsión de preguntas capciosas. Según cuentan los testigos del vestuario, cuando acabó el partido llamó a Karanka y le dijo: "Te van a preguntar por mi relación con Benzema. Tú di que lo estoy cuidando muy bien y que su rendimiento es fruto del trabajo que estamos haciendo con él. Y que nuestra relación es buena, que si no, no me habría venido a abrazar cuando hizo el gol".

Nadie en la plantilla ignora las filias y fobias del técnico, crítico en público con el francés
"Abraza a Mou o te crucifica", le decían los compañeros tras su tanto en Sevilla

Mourinho se negó a ofrecer la conferencia por razones que ni el club ni el entrenador explicaron suficientemente. En la víspera, Karanka alegó que su jefe no hablaría para no contribuir a generar un clima de violencia. El argumento resultó extraño. Al día siguiente, después del partido, Karanka volvió a representar a Mourinho en público después de ser puntualmente aleccionado sobre qué decir sobre Benzema. Los jugadores observaron el episodio con curiosidad y se quedaron asombrados ante la vehemencia que puso Mourinho en el asunto y la docilidad con que le respondió su subalterno. En el vestuario vieron que al técnico le resultó indiferente que le vieran. Muchos se rieron para sus adentros pensando en la que habían montado con la celebración del gol. Nadie en la plantilla ignora que las filias y las fobias del entrenador son en ocasiones tan extremas como destructivas. Nadie ignoraba que a Benzema, como dice un futbolista, "le tiene manía".

Benzema, de 23 años, sabía que Mourinho le menospreciaba. Lo comprobó entre diciembre y enero, cada vez que el entrenador ofreció una conferencia de prensa. En una ocasión le acusó de meter menos goles que Carvalho, defensa central, lo que equivale a desacreditarle como delantero. En otra oportunidad le equiparó a un gato: "Si no tienes perro para ir a cazar y tienes un gato, vas con el gato porque solo no puedes ir". El día de la visita del Madrid a La Romareda el técnico descendió en la escala zoológico-alimenticia. Tras verle fallar un gol, se volvió al banquillo y gritó: "¡Esto no es ni gato! ¡Esto es conejo!". No se sabe si estas corrosiones son el método de Mourinho para estimular a los espíritus sosegados como el de Benzema. El caso es que, cuando metió el gol del triunfo ante el Mallorca (1-0), un colega se le acercó y le dijo: "Estaba hablando mal de ti en el banquillo".

Tres días después de que Benzema le diera tres puntos a su equipo ante el Mallorca, el Madrid jugó la ida de las semifinales de Copa. Su gol al Sevilla en el Sánchez Pizjuán provocó una explosión de júbilo en la plantilla. Benzema corrió a abrazarse con los suplentes. Formaron una piña festiva. En pleno jaleo alguien le dijo al oído entre carcajadas: "¡Vete a abrazar a Mou! ¡Abrázale o te crucifica!".

Mourinho presenció el festejo a dos metros. Se acercó un poco más y llamó a Lass, que andaba por ahí. Después de que le diera unas instrucciones, Lass se volvió hacia su amigo y compatriota y le hizo un gesto con la mirada, como diciéndole: "¡No te olvides de lo que te he dicho!". Entonces Benzema, sonriente, se abrazó brevemente con su entrenador.

Benzema celebra con Mourinho su gol en el Pizjuán.
Benzema celebra con Mourinho su gol en el Pizjuán.ALEJANDRO RUESGA

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 24 de febrero de 2011.

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