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Necrológica:

Jack LaLanne, gurú de la dieta y el ejercicio físico

Abrió los primeros gimnasios e ideó aparatos para ellos

Jack LaLanne fue el inventor y el mayor defensor del estilo de vida que pasa por comer lo justo e invertir, al menos, dos horas diarias en el gimnasio y en actividades aeróbicas de apoyo. Con su énfasis en el ejercicio y la adecuada nutrición, sus dotes de predicador y su imagen cuidada y saludable, siempre enfundado en ajustados trajes de licra, LaLanne creó un imperio comercial de gimnasios y productos paralelos. Y lo que es más importante: fundó un movimiento de culto al cuerpo, ayudó a forjar un nuevo ideal de belleza y abrió un debate nacional en Estados Unidos sobre la salud y el bienestar. Murió el 23 de enero en California a causa de una neumonía.

¿Cómo se calcula el éxito de un gurú del ejercicio físico? LaLanne vivió hasta los 96 años. Es una marca de éxito en un país donde la esperanza de vida es de 78 años, dos menos que en España. Entrado ya en su novena década hacía dos horas de ejercicio diario: una de ellas dedicada a levantar pesas, la segunda a algún tipo de ejercicio aeróbico (en su caso, la natación). Comía solo dos veces al día. Su dieta estaba presidida por dos reglas de oro: "no comas nada que haya fabricado el ser humano" y "si sabe bien, escúpelo". Para desayunar tomaba claras de huevo duro, sopa, cereales, leche de soja y fruta. En la cena, ensalada y pescado, preferiblemente salmón. Nunca comía carne.

A los 42 años, en el punto máximo de su perfección física, podía levantar en el press de banca dos pesas de 70 kilos cada una y hacer 1.033 flexiones en 23 minutos. En 1955 nadó esposado los dos kilómetros que median entre la isla de Alcatraz y el embarcadero de San Francisco. En 1974, para celebrar su 60 cumpleaños, lo hizo también esposado, con grilletes y remolcando un bote de 450 kilos. Repitió la aventura en los años siguientes, hasta celebrar los 70 años arrastrando a 70 personas en 70 botes de remo. El profeta obraba milagros físicos para convencer a América de que sus grandes enemigos eran la pereza, el cansancio y la mala alimentación.

"El ejercicio es el rey. La nutrición es la reina. Únelos y tendrás un reinado", solía decir. No siempre fue así. Nacido en San Francisco en 1914, su padre murió cuando él era niño. Su madre le convirtió en un glotón emocional. Comía grandes cantidades de comida azucarada para superar sus altibajos emocionales. Hasta que, a los 15 años, su madre le llevó a una charla de un conferenciante llamado Paul Bragg (1895-1976), un verdadero pionero del movimiento del fitness. En la vida de LaLanne fue el equivalente a la conversión del emperador Constantino al ver la cruz ardiendo en el cielo.

En 1936, cuando los gimnasios no existían, LaLanne abrió uno de los primeros, en Oakland, California. Empezó de cero, y en sus instalaciones tuvo que inventar muchas de las máquinas que ahora son de uso común en los cinco continentes. Él decía haber inventado los aparatos de extensión de piernas, de gemelos y de talones, así como los dispositivos con cables y selección de peso. En los años ochenta llegó a tener 200 locales abiertos en EE UU. En ellos generalizó una de sus ideas más célebres: las flexiones con los dedos, efectuadas sin apoyar las palmas de las manos. Él mismo siguió practicando ese ejercicio hasta pocos años antes de su fallecimiento.

Su filosofía de vida y alimentación, así como sus ejercicios, se hicieron populares en EE UU gracias a la televisión. Décadas antes de los vídeos de Jane Fonda, LaLanne tuvo la idea de aprovechar el entonces incipiente medio para enseñar rutinas de ejercicios. Así nació El show de Jack LaLanne, que estuvo en antena desde 1951 hasta 1985. ¿Ese sentimiento de culpa al fallar al gimnasio? ¿Esas ansias de perfección corporal? ¿El buscar músculos en el espejo y ejercitar aquellos que no sobresalen lo suficiente? Todo es obra de Jack LaLanne y su programa, un verdadero púlpito de evangelización corporal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de febrero de 2011