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Necrológica:

Gladys Horton, vocalista de The Marvelettes

Abrieron la senda a los grupos de chicas de los sesenta

No tuvieron la capacidad de seducción de The Supremes ni el arrebato soul de Martha & The Vandellas ni el pellizco callejero de The Ronettes, pero The Marvelettes abanderaron el nacimiento de las girl groups (grupos de chicas) en el mundo del pop y contribuyeron de manera esencial al sonido de la joven América, en esas composiciones de frenesí juvenil y arreglos sobresalientes que marcaron una época en los dorados sesenta norteamericanos. Y en la parte que le corresponde, como vocalista y fundadora de las Marvelettes, Gladys Horton, fallecida el 26 de enero a los 65 años según su hijo (aunque diferentes biografías apuntan que tenía 66 años), tiene un papel destacado dentro del mejor pop con genoma afroamericano que se recuerda en la historia de la música popular.

Conquistaron al joven público blanco con música negra sofisticada

Formadas en un instituto de Inkster, en Michigan, a finales de los cincuenta, las Marvelettes -empezaron llamándose The Marvels- tuvieron en Horton a su líder natural. La banda estaba formada por cuatro chicas que se turnaban para cantar y consiguieron una audición en el nuevo sello Motown, que se había fundado en la ciudad de Detroit. La marvel Georgia Dobbins tendría un destino singular: fue la primera en dejar a sus compañeras pero la responsable de conseguir de un vecino, llamado William Garret y de profesión cartero, la composición Please mr. postman, a la postre su puerta de entrada a la compañía de Berry Gordy y un éxito fulgurante en 1961. Please mr. postman no solo fue la canción más representativa de su discografía, además fue el primer número uno de Tamla Records, subsidiaria de Motown. Con su ritmo y estribillo contagiosos, alumbrados con palmas y dulces coros, el tema fue toda una sensación nacional, que más tarde los Beatles y los Carpenters versionaron. Las Marvelettes permitieron que Berry Gordy tocase su sueño con los dedos: conquistó con música negra sofisticada al público joven y blanco, capaz de gastarse los dólares. Era el pistoletazo de salida para el sonido de la joven América y la leyenda del pop con marca de la casa Motown.

Tras la primera sacudida del rock primigenio a mediados de los cincuenta y antes de la llegada de las bandas británicas a Estados Unidos, Horton estaba en primera línea de un estallido musical de largo alcance. Gracias al trabajo de los equipos de compositores del Brill Building neoyorquino, preocupados en vestir de elegancia los sonidos sin perder de vista el legado afroamericano, se dio la alternativa a finales de los cincuenta a formaciones femeninas como The Shirelles, The Crystals y The Ronettes. Con su repentino éxito, The Marvelettes dieron alas a ese movimiento de girl groups del que fueron una pieza clave al convertirse en el primer grupo vocal femenino de la Motown en llegar a lo más alto de las listas. En la compañía de Detroit, les siguieron poco después The Velvelettes, Martha & The Vandellas y, sobre todo, The Supremes, que dejarían pequeño el logro de sus predecesoras. Sin embargo, por los pasillos de las oficinas de Motown se decía que las Supremes se beneficiaron del camino abierto por la formación de Horton y el enamoramiento de Berry Gordy por Diana Ross. Si las Marvelettes hubiesen tenido la misma promoción y no hubiesen rechazado grabar Baby love (gran éxito de las Supremes) tal vez la historia sería otra. Con todo, Horton y sus chicas siguieron triunfando con canciones tan redondas como Playboy, Beechwood 45789 y Too many fish in the sea. Fue su contribución al fenómeno de las girl groups, que se convirtió en toda una ola de pop esplendoroso e inocente, incapaz de caducar.

Después de quedarse embarazada, Horton abandonó la banda en 1967. The Marvelettes continuaron con la ayuda en la composición de Smokey Robinson, pero nunca más llegaron tan alto y, a diferencia de otros artistas del sello, no recibieron buena acogida en Reino Unido. En los noventa, la vocalista quiso reunir al grupo, pero fue imposible por problemas legales y falta de implicación del resto de marvelettes. Para su desgracia, el cartero, definitivamente, no llamó dos veces a su puerta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de febrero de 2011