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Entrevista:TROTAMUNDOS | Nuria Gago - Actriz | EL VIAJERO HABITUAL

Chispas en Menorca

La actriz barcelonesa Nuria Gago, que ayer estrenó el filme Primos, revive los momentos más divertidos de sus vacaciones en Menorca, su destino favorito.

¿Por qué tanta predilección?

Parte de mi familia es de ahí, me encantan sus playas, sus caminos de caballos... ¡hasta mi perrita Rita es menorquina!

¿Y cada cuánto la lleva de vuelta a su patria chica?

Cada verano. Por supuesto, nos pasamos la mitad de las vacaciones en la playa. En calas como Macarelleta, Son Saura, Es Talaier, cerca de Ciudadela.

Veo que saben cuidarse bien.

Y para rematar el día, nada como un paseíto por el puerto de Mahón y comer unos mejillones al vapor, o si no un pescadito con vistas al mar en Calas Font. Eso sí, la que siempre me ha cuidado estupendamente es mi familia menorquina.

Y se conocerán la isla.

Mi tía Luisa nos llevaba a mis primos y a mí a ver talayots o a la playa con un cargamento estupendo de formatjadas -la empanada típica de ahí rellena de carne o sobrasada o espinacas- y luego nos contaba historias mientras veíamos las lluvias de estrellas.

¿Alguna gamberrada con los primos?

¡Por supuesto! Me acuerdo de entrar a robar higos a casas donde no había nadie al volver de las fiestas de San Antonio, donde los caixers (los jinetes) hacen un desfile precioso a caballo.

Buenos recuerdos no le faltan.

Probablemente el momento que más recuerdo corresponde a una tormenta espeluznante que hubo hace unos 15 años. Estábamos en casa comiendo gazpacho y empezamos a ver que el agua empezaba a colarse y a tirar las piedras de la cerca.

Como para asustarse, ¿no?

¡Cayó un rayo tan tremendo que empezaron a saltar chispas de los enchufes!

¡¿Y qué hicieron?!

Nos metimos en el cuatro latas color pistacho de mis tíos que estaba en el garaje por eso de que los neumáticos evitan que pase la electricidad. Nos embutimos los cuatro, con el gazpacho y los dos perros.

Debía parecer el arca de Noé.

Nos reímos mucho aunque nos asustamos un poco también, porque el garaje no tenía puerta y el agua se colaba también. ¡Menos mal que el cuatro latas aguantó como un jabato!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de febrero de 2011