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Reportaje:

Carta verde a la Unión Europea

Una santiaguesa lleva a Van Rompuy el compromiso de jóvenes ante el cambio climático

Los conceptos enrevesados que acompañan al cambio climático no se le escapan a Silvia Viña, a sus 16 años, ni tampoco la globalidad de un fenómeno que conoció de boca de otros jóvenes de 47 países el pasado año en Brasil. Más de 400 chicos que, sin los compromisos políticos y los intereses económicos que envuelven las reuniones para luchar contra el calentamiento global de la ONU, lograron ponerse de acuerdo el pasado verano sobre sus responsabilidades y las acciones que pueden llevar a cabo. Esas intenciones las plasmaron en una carta que Silvia entregó al primer presidente de la Unión Europea, Herman Van Rompuy. "Le planteamos: 'Esto es lo que hicimos nosotros, qué vais a hacer vosotros al respecto", explica Silvia sobre el encuentro.

Silvia participó en un encuentro en Brasil con chicos de todo el mundo

"A lo mejor el calentamiento no se puede parar, pero sí buscar una solución"

"Queríamos difundir nuestro trabajo, por eso se hizo una pequeña delegación europea y fuimos a presentar la carta". Y Van Rompuy, el secretario general del Comité de las Regiones, un miembro del gabinete de Acción Climática de la Comisión Europea y el vicepresidente del panel intergubernamental para investigar el cambio climático les dieron "una respuesta muy acogedora". "Nos dijeron que les parecía una idea espléndida, que siguiéramos con ella". Y ya están trabajando para celebrar una nueva conferencia internacional para 2012 que reúna a jóvenes europeos en Dinamarca, impulsada por la fundación suíza Charles Léopold Mayer

La implicación de Silvia en la lucha contra el cambio climático nació con un proyecto impulsado por la Xunta para acercar este problema a los estudiantes. La alumna del instituto Rosalía de Castro de Santiago participó un par de veces en los concursos que propone ese programa, llamado Climántica, y cuando por fin ganó, en lugar de un campamento ambiental, se encontró como premio un viaje de una semana a Brasil para participar en el encuentro de jóvenes que preparaba el entonces Gobierno de Lula da Silva. Su cuento que, desde el punto de vista de los animales, narra cómo les afecta el cambio climático, la llevó a compartir -junto a otros dos chicos gallegos, así como del País Vasco y Cataluña- talleres, mesas redondas y conferencias con jóvenes de entre 12 y 15 años y especialistas de todo el mundo y a asumir su "responsabilidad" frente al calentamiento global. "Me quedo con el ambiente que se creó allí, había mucha energía y era muy fácil trabajar", pero también con "descubrir que lo que le preocupa a una persona le pasa a todo el mundo". "Y todos estábamos allí para solucionarlo", afirma.

El resultado de su trabajo es una carta en la que, en nueve puntos, se comprometen a sensibilizar e informar sobre el uso de los recursos naturales, buscar el apoyo de los Gobiernos para reducir la contaminación, aminorar también la emisión de gases contaminantes, estimular una agricultura sostenible, reclamar educación ambiental para los jóvenes, crear grupos ecológicos en su entorno, fomentar la reducción y el reciclaje, reducir el consumo de energía y desarrollar una cultura ecológica.

El contacto con las instituciones europeas y también con los compañeros de la delegación europea le hace ver a Silvia que se está trabajando para mitigar el cambio climático. "Cada país es diferente, en Alemania, por ejemplo, son muy conscientes, reciclan muchísimo y el Gobierno impone tasas por la cantidad de contaminación", según le contó su compañero alemán.

Silvia ignora las voces que niegan este fenómeno e insiste en que "es un problema de todos". "Deberían formarnos, tener más ideas sobre lo que está pasando e investigar". Su optimismo se nubla un poco cuando se trata de apostar si el cambio climático se puede frenar o ya se ha entrado en un punto de no retorno, como asegura el científico inglés James Lovelock. "A lo mejor no se puede parar del todo, pero sí buscarle una solución".

Encontrarse más pronto que muchos jóvenes de su edad con el cambio climático no determinará su futuro -todavía no tiene claro a qué se quiere dedicar- pero sí inclinará la balanza hacia una vía que mire, aunque sea de reojo, al calentamiento del planeta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de febrero de 2011