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COLUMNA

La calle

En las revueltas en Egipto, el presidente Mubarak lleva días tratando de cerrar todos los canales de fuga de información. Es una guerra particular. Por más que destaquemos el poder del canal panárabe Al Yazira y las redes de Internet, la pieza fundamental, tan eterna e inmutable como la injusticia, sigue siendo la calle. La calle puede alimentarse de los nuevos medios, pero es siempre la calle la que termina por ganar o perder la batalla.

El intento de cerrar todo surtidor de información suele ser la más secreta pelea del poder que se siente amenazado. La estrategia complementaria es utilizar todos los canales al alcance de la mano para transmitir con urgencia la sensación de reforma tardía y desesperada. Cambio de gobierno, imagen de estabilidad, mensajes de calma, se enfrentan con su aroma de oficialismo desinflado al descontento de la calle.

La calle alimenta a la calle. La información no es más que el nutriente de la calle y en una especie de círculo sin fin no hay nada que anime más a la calle que ver la lucha de la calle.

Las detenciones de periodistas, las dificultades interpuestas para realizar su trabajo, aspiran a dejar sin alimentación por goteo al alma de la revuelta, a sembrar la oscuridad. Pero cuando escasean las imágenes simbólicas se ponen en circulación otras nuevas.

Un soldado del ejército ha sacado la mano para saludar desde la cabina de su helicóptero mientras sobrevuela una plaza llena de manifestantes. Y el estrecho hilo que sigue enlazando el destino de Egipto al reciente alzamiento en Túnez ha puesto en circulación masiva un poema llamado A los tiranos del mundo. Escrito por el poeta tunecino Abu al-Qassim al-Shabbi, muerto en los años treinta del siglo pasado, se ha convertido en el himno particular de este comienzo del año 2011 que puede que cambie la dinámica del oriente. Entre sus versos, que alientan las protestas, una amenaza a la sólida inmovilidad del poder: "Pese a la oscuridad, el rugido del trueno y el soplo del viento vienen hacia ti desde el horizonte; hay fuego bajo las cenizas".

Puede que la tecnología haya variado para siempre nuestra manera de ver el mundo, pero debajo de todo sigue reinando la calle y un poema.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de febrero de 2011