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Arte urbano con técnicas de obrero

El grafitero 3TTMan vuelve a los orígenes del grafiti dibujando sobre cemento en el centro de Madrid

Louis Lambert paseaba un día por la calle cuando vio a unos niños que salían del colegio firmar con su dedo sobre el cemento fresco de una pared cercana. Le pareció tan espontáneo y tan natural, que se le ocurrió que el cemento con el que estaba haciendo reformas en su casa podía tener un valor artístico. Animado por esta idea, este artista con nombre de novela del escritor francés Honoré de Balzac decidió hace unos meses resucitar la faceta más tosca del grafiti.

Más conocido por su seudónimo, 3TTMan (hombre de tres cabezas), este artista ha apostado por otra forma de hacer grafiti a través de placas de cemento cola en las que luego dibuja con el dedo antes de que se seque. "La primera vez que decidí salir a la calle a pintar uno de estos, usé cemento de obra, y me abrasé el dedo porque es muy corrosivo", explica.

Lambert acaba de llegar de Vietnam, donde ha realizado un enorme mosaico

El artista pinta vestido con un mono de obrero y a plena luz del día

Algunos de sus últimos grafiti han sido destruidos a golpe de piqueta

"Es una técnica muy sencilla, básica y pobre, pero es mucho más resultona, visible y duradera", comenta mientras observa en su ordenador las imágenes de la pintada que hicieron en una ventana tapiada cerca del Círculo de Bellas Artes el día antes de la huelga general. En él se leía: "Mañana, día de la huella general". Los manifestantes, según cuenta, pasaban ante la obra comentándola e incluso se hacían fotos con ella.

Louis Lambert (Lille, Francia, 1978) llegó a Madrid hace 10 años tras haber recorrido medio mundo dejando su arte por las paredes. Decidió quedarse en la capital porque es "el punto medio entre países como India, en los que todo es demasiado caótico, y las ciudades de Centroeuropa". Su obra más colorida la realizó en la Corredera Alta de San Pablo (distrito Centro), en un muro de ladrillo que tapia un garaje. "Solo pinto en muros que sé que se van a derribar o que son temporales porque forman parte de unas obras, nunca en las paredes de los edificios", explica.

Los empleados del Ayuntamiento se lo piensan dos veces antes de quitar las placas esculpidas. Algunas de las obras en cemento de Lambert perduran, como la máscara de colores de la Corredera Alta, que lleva más de seis meses, o el grafiti que hizo en el cruce de San Bernardo con la calle Noviciado. Sin embargo, el que realizó en la tapia de un solar en la esquina de San Bernardo con la calle La Palma, tres paneles bajo el lema ¡Viva la calle libre! (en el que considera no solo que los artistas son libres para pintar, sino también el Ayuntamiento para limpiar lo pintado), ha sido eliminado a golpe de piqueta en los últimos días. "El grafiti es efímero, eso es algo que nunca pierdo de vista", sentencia.

Louis recorre su casa en busca de unas imágenes del fotógrafo húngaro Brassaï. "Lo que yo hago se parece más al concepto de grafiti original que un grafiti hecho con espray", explica mientras enseña las caras que grababan los parisienses en los muros de Montparnasse y que Brassaï retrató con su cámara. "Picasso, que era amigo de Brassaï cuando estudiaba en París, recibió también influencia de estas caras hechas en piedra", comenta.

El atuendo que utiliza cuando sale a crear por las calles del centro de Madrid es el de un obrero más: mono de trabajo, paleta y los sacos de cemento. No se esconde, siempre pinta de día. En la realización de un grafiti de la calle Fuencarral, unos policías lo confundieron con un obrero. "Estuve preparando la pared para pintar un buen rato, hasta que pasaron los de las brigadas de limpieza del Ayuntamiento y avisaron a la policía", explica. Amenazaron con ponerle una multa, pero llegó a un acuerdo: los policías no le ponían la multa si él se comprometía a retirar el cemento.

La relación de Lambert con las fuerzas del orden es cambiante. "Hay veces que pasan y ven lo que estás haciendo y no te dicen nada", explica. Otras veces no es así: le pusieron una multa de 300 euros por pintar el exterior de una casa okupa. "Me denunció un vecino que me vio. Si alguien llama a la policía, tienen que multarte", comenta añadiendo que después de recurrir la multa y explicar su trabajo, "la multa llegó a los 1.000 euros".

Toda esta obra sobre cemento es gratis: nadie la encarga, nadie la paga. Lambert sobrevive con los proyectos que le van saliendo, como el enorme mosaico que acaba de realizar en la capital vietnamita, Hanoi, y en el que despliega los iconos de la cultura española. Sin embargo, aunque siempre regresa con ganas, piensa que "el encanto que tiene Madrid se acabará". Que el Ayuntamiento esté "griseando todas las paredes" le hace plantearse cuánto tiempo le queda a Madrid de arte callejero. "Se están cargando el encanto con las multas y queriendo ser como otras capitales europeas. A mí me gusta que sea tan cañí y que la gente haga vida en la calle".

El turno de las persianas

El grafiti puede ser también una forma de alegrar un barrio deteriorado. Es lo que piensan los vecinos y comerciantes de Malasaña, que el próximo 6 de febrero verán cómo cambia la estética del barrio con la iniciativa Persianas libres. El objetivo: pintar en un solo día más de 100 cierres de comercios con arte urbano como forma de protesta por el abandono que sufre la zona. Solo se pintarán aquellos cierres en los que el dueño del local haya dado su consentimiento.

El proyecto lo apoya la Asociación de Vecinos de Universidad (ACIBU), y lo impulsa el grupo de diarios digitales Somos. Tanto los que quieren que sus persianas cambien de aspecto el día 6, como los que quieren dejar su arte en ellas, aún pueden apuntarse en www.somosmalasana.com y www.persianeslliures.com, que ya llevaron a cabo un proyecto parecido en el barrio de Guinardó en Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de enero de 2011

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