Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:Isabel Ordaz - Actriz | EL VIAJERO HABITUAL | TROTAMUNDOS

'Lofts' en los canales

La actriz madrileña Isabel Ordaz, que acaba de estrenar Los días felices, de Samuel Beckett (hasta el 23 de enero, en los Teatros del Canal de Madrid), rememora unas agradables vacaciones en Holanda.

¿Primera visita a Ámsterdam?

Sí, y resultó tan estupenda como me la imaginaba. Me sorprendieron sobre todo dos cosas: la primera, ver tanto orden, tanto civismo. Esos rincones tan silenciosos y tranquilos me hicieron pensar en Madrid como en una especie de fiesta nacional del desorden.

¿Y lo segundo?

Lo otro que me maravilló es lo que respecta a la ingeniería.

Pero... ¿es usted ingeniera o algo así?

Para nada. Sé que suena extravagante, pero es que leí que Ámsterdam es una de las capitales con más metros de sótano habitable, todo un logro teniendo en cuenta toda esa agua del subsuelo. Así que me dediqué a curiosear discretamente en los sótanos ajenos y, efectivamente, ¡hay cada loft ahí debajo!

Y aparte de ojear sótanos...

No pasamos por alto casi ningún museo. Me impresionó mucho la casa de Ana Frank, y, por supuesto, como buena enamorada de la pintura, el Van Gogh, la casa taller de Rembrandt...

Y el Rijksmuseum, supongo.

¡Sobre todo el Rijksmuseum! Vermeer es mi pintor favorito y pude ver el cuadro que más me gusta: La escanciadora de leche.

Espero que cumpliera sus expectativas.

Tanto que nada más salir convencí a todo el grupo para visitar Delft, la ciudad natal de Vermeer, que está enterrado en su iglesia vieja. Aunque casi me gustó más la Nieuwe Kerk (iglesia nueva). Está en la plaza mayor, que tiene un mercadillo estupendo, y desde su torreón se ven Rotterdam y La Haya.

¿No recorrió Delft en bici?

Desgraciadamente, yo soy la torpeza rediviva y no me atrevo a montar en bici ni ahí, que tienen carriles especiales. El resto del grupo sí que se alquiló para la jornada unas bicicletas.

¿Qué más descubrió?

En Ámsterdam visité el barrio judío, o lo queda de él después de que los nazis lo arrasaran, y en Delft visité el Aardewerkatelier, el famoso museo de porcelana. Y no rompí nada, lo juro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de enero de 2011