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Los británicos castigan a la coalición de Gobierno en una elección parcial

Los laboristas mantienen el escaño que habían perdido en los tribunales

Los laboristas de Ed Miliband confirmaron el pronóstico y ganaron con holgura las elecciones del jueves para cubrir el escaño de la circunscripción de Oldham East (norte de Inglaterra), vacante desde que un juez anulara los comicios de mayo pasado porque el ganador, también laborista, había mentido en la campaña. La sorpresa fue que el partido que se hundió en las urnas no fue el de los liberales-demócratas, sino el Partido Conservador. Sin embargo, aunque parezca paradójico, eso no es del todo malo para el primer ministro David Cameron, porque evita que sus socios de Gobierno se pongan aún más nerviosos de lo que están. Por encima de eso, sin embargo, está la evidencia de que los votantes castigaron duramente a la coalición.

Un juez anuló la victoria de Woolas por calumniar a su rival en campaña

Las de Oldham East han sido las primeras elecciones parciales -byelection, en la jerga política británica- de la legislatura, y han sido provocadas por la decisión judicial de anular la victoria que el laborista Phil Woolas obtuvo por tan solo 103 votos frente al liberal Elwyn Watkins en mayo pasado.

Watkins, pese a las reticencias de su propio partido, recurrió el resultado con el argumento de que su rival había mentido durante la campaña electoral. Según él, el laborista le había acusado de hacerle el juego a unos islamistas, de no condenar las amenazas de muerte que había recibido de esos grupos y de incumplir su promesa de vivir en la circunscripción. El juez concluyó que Woolas había mentido y anuló su victoria. Es la primera vez que un juez invalida unas elecciones desde 1911.

Otra particularidad es que es la primera vez desde enero de 1966 en que se convocan unas elecciones en pleno invierno en Inglaterra. Probablemente porque los liberales temen que en primavera los ánimos de los votantes estarán aún más caldeados contra el Gobierno. Al final, la candidata laborista Debbie Abrahams ganó con 14.718 votos (42,1%), por delante del liberal Watkins (11.160, 31,9%) y el conservador Kashif Ali (4.481, 12,8%).

Por absurdo que parezca, todos los partidos estaban ayer contentos (o más bien aliviados) con el resultado, aunque en grados diversos. Ed Miliband, porque los laboristas obtuvieron una confortable victoria: lo contrario, una derrota o una victoria por los pelos, hubiera acrecentado las dudas que aún despierta su todavía tierno liderazgo. Nick Clegg, porque los liberales-demócratas evitaron el hundimiento electoral que les auguran los sondeos a nivel nacional. Aunque no lograron ganar unas elecciones que ellos mismos habían provocado y perdieron 3.000 votos respecto a mayo, mejoraron en tres décimas su porcentaje de voto.

Incluso David Cameron tenía ayer razones para estar aliviado. Aunque su partido perdió 7.000 sufragios y cayó casi 14 puntos en porcentaje de voto, evitó lo que en cierto modo más temía: que un hundimiento liberal desestabilizara la coalición. Muchos votantes tories decidieron abstenerse y aparentemente bastantes decidieron votar liberal para dar así su apoyo a la coalición. Eso es bueno para Cameron, pero no tanto para Clegg, porque no dejan de ser votos prestados.

Pero eso no oculta el castigo de las urnas a la coalición. Mientras los laboristas han obtenido medio millar más de votos que en mayo a pesar de la abstención, tories y liberales juntos han caído de casi 26.000 el año pasado a tan solo 15.600 ahora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de enero de 2011