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COLUMNA

11 / 2011

1. La vergonzosa pretensión del Consell de ceder suelo de todos a escuelas y colegios privados para consolidar más si cabe la actual y lamentable situación de la educación pública en Valencia. Las sociedades civilizadas y avanzadas son aquellas en las que los ciudadanos tienen un alto grado de orgullo y compromiso con una educación pública de calidad para todos.

2. Un país de camareros, de recepcionistas, de gente con empleos precarios y mal pagados... dedicada a atender turistas y confiada en que las economías europeas funcionen para que puedan venir aquí a gastar. ¿De veras es ése el modelo económico que deseamos, entre todos, seguir fomentando y financiando con nuestros impuestos?

3. Nos van a bajar el sueldo y, al menos a quienes somos más o menos jóvenes, también (y de forma sustancial) las pensiones. Se une a ello una reforma laboral que hace que el despido no sea sólo libre (que ya lo era) sino, además, muy barato. Resulta llamativa la ausencia de solidaridad intergeneracional que todas estas medidas reflejan.

4. Tras los destrozos generados por la última década y el tsunami cementero que trajo consigo, se puede aprovechar la actual coyuntura para evaluar daños e, idealmente, definir barreras para que algo así no vuelva a ocurrir. La experiencia muestra los escasos beneficios que, a la hora de la verdad, dejan estas cosas y las hipotecas enormes que conllevan.

5. Es hora de manifestar una mayor preocupación por cómo se gasta el dinero de los ciudadanos y quizás debiera ser el momento de empezar a analizar qué tipo de actividades, empresas, ocupaciones, personas, colectivos... (y exactamente por qué razones) están siendo generosamente regadas con fondos públicos.

6. En mayo hay elecciones. Estaría bien que, dado que el Estatut d'Autonomia que obligaba a cambiar la ley electoral data ya de 2006, pudiéramos votar con una ley ya adaptada. Si, además, esa norma primara la representatividad de lo que votamos los valencianos, mejor todavía.

7. Estamos demasiado acostumbrados a justificar violaciones de derechos humanos porque, a cambio, alguien obtiene un beneficio. Basta de complacencia social (¡y municipal!) con quienes se lucran a costa de los derechos fundamentales de los demás.

8. La idea de que mandar requiere ponerse de perfil para no enfadar a nadie y luego, sin que se note mucho, repartir prebendas públicas y ayudas a ciertas actividades privadas es patética. La oposición que, a la hora de la verdad, copia el modelo, no sé lo que es. Pero sí parece claro que una sociedad que lo consiente tiene un problema.

9. Si el Gobierno central no sabe establecer prioridades de gasto que beneficien a los valencianos tendremos que empezar a luchar por tener el dinero nosotros y gastarlo de manera más sensata y cercana a nuestros intereses. Quizás así tendríamos trenes de cercanías y regionales decentes, por ejemplo, dando servicio a varias decenas de miles de personas al día, en lugar de un tren de lujo para quienes vienen de Madrid (sí, también para quienes van por trabajo a Madrid).

10. Tenemos un problema si los canales de representación política se bloquean y somos incapaces de llevar a algunas de las mejores personas y de las mejores ideas a la esfera pública.

11. Los ciudadanos de una sociedad madura no hacen cartas a reyes u obispos pidiendo cosas por Navidad. Se articulan para luchar por ellas y se implican para conseguirlas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de diciembre de 2010