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Reportaje:

No solo el oro reluce

Menos minerales preciosos y más ingenio: las nuevas joyas además de adornar aspiran a resultar útiles

"Joyas funcionales para cuidarse y mimarse. Muy útiles para las pequeñas emergencias cotidianas", así anuncian los diseñadores Ana Mir y Emili Padrós, de Emiliana Design Studio, su nueva colección de joyas You never know. El juego, la descontextualización de materiales y la interacción de las piezas con el usuario dibujan un abanico de brazaletes y anillos que hubieran puesto los pelos de punta al mismísimo Adolf Loos -el arquitecto vienés autor del legendario ensayo Ornamento y crimen- al hacer coincidir, en un objeto, función y decoración.

Y es esa convivencia paradójica, precisamente, lo mejor de esta ingeniosa colección que aparece toda ella teñida de cierto carácter autobiográfico. Se puede adivinar la cotidianidad de sus autores entre las pulseras que sirven para comparar equivalencias métricas y entre los brazaletes que funcionan para dibujar círculos. Por eso, la mayoría de estas singulares joyas se entienden como nacidas de las horas pasadas en el estudio entre lápices, cartabones y pantallas de ordenador. La serie Draw (dibujar) está compuesta de pulseras que sirven como herramientas para el dibujo preciso. Tal vez la pieza más sobresaliente sea la llamada Sharp (afilado), un brazalete de madera contrachapada que, más allá de fijarse en la belleza de las capas de madera dobladas, junta las lamas con un sacapuntas.

También la serie de brazaletes y anillos Egoist extiende la idea de un ornamento funcional que hasta podría gustarle a Loos. Mirror es un anillo-espejo y Smoke, una pulsera-cenicero. Sus autores hablan de "herramientas ocasionales para llevar sobre el cuerpo". Y, como en el mejor diseño, la belleza resulta de la mejor solución para el uso. Inventando funciones, Padrós y Mir han dado con estas joyas polivalentes que acercan dos mundos no necesariamente contrapuestos: el ornamental y el funcional.

Más allá de romper la legendaria barrera entre utilidad y ornamento, la nueva orfebrería va camino de difuminar muchas más. La que separa los materiales preciosos de los industriales tratados artesanalmente, por ejemplo. En Brasil, Mana Bernardes firma gargantillas (Collar Escamalar) y pulseras (Indio Urbano) realizadas manualmente con hilo de silicona, lentejuelas, hilo de cobre y acabados en cristal. Son los minúsculos acabados en cristal los que tensan, con su leve peso, los hilos de silicona, suaves como la seda. Las joyas de Bernardes no intimidan con sus brillos. Se adaptan al gesto de quien las luce y reivindican una artesanía que se reinventa para acompañar al mejor diseño.

En esa línea, también la uruguaya María Cristina Lasarga Escobar revisa la materia prima de las joyas en su colección La hora del té. Aludiendo a la transformación constante que implica la vida y recordando que nada se crea ni se destruye, Lasarga echa mano de las porcelanas familiares para descontextualizar ese material en decadencia y extraer de él nueva vida para los platos antiguos. La porcelana fina contiene detalles que una mano de orfebre puede hacer apreciar. El resultado de trabajar es una serie de joyas únicas, aun proviniendo de una misma vajilla.

El ornamento útil, la belleza de los materiales de la ferretería en contraposición al precio -no solo económico- de los que provienen de la mina, el valor de la artesanía y la transformación para alargar la vida de un objeto son algunas de las propuestas que buscan nuevos brillos en la orfebrería de hoy.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de diciembre de 2010