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Columna
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¿Son más tontos los andaluces?

Los adolescentes andaluces han suspendido, una vez más, en el llamado examen PISA. Entienden menos lo que leen. Saben menos matemáticas y menos ciencias. Solo los canarios, ceutíes y melillenses están peor que ellos.

¿Hay que concluir que los andaluces son más bobos, más tontos, más incapaces intelectualmente?

En el Informe PISA 2009 España suspende, aunque mejora algo sus resultados respecto al anterior (2006), y se sitúa por debajo de la media de la OCDE. Andalucía está peor aún: por debajo de la media española.

Mientras un escolar de Shangai obtiene 556 puntos en comprensión lectora, un español saca 481 y un andaluz 461, casi cien puntos menos que el chino.

Los resultados de PISA muestran que las regiones del sur obtienen peores resultados que las del norte. Andalucía, Canarias, Ceuta y Melilla ocupan los últimos lugares. No se han examinado tres regiones, dos socialistas, Castilla La Mancha y Extremadura, y una popular, Valencia. El examen es voluntario y algunos prefirieron no pasar el trago amargo de recibir calabazas en vísperas electorales.

Hay varias causas que explican este suspenso. Una de ellas, el nivel socioeconómico de la familia del niño. Según PISA, los nacidos en hogares con menos de 10 libros, obtienen 124 puntos menos en compresión lectora que uno con más de 100 libros. Dice Miguel Recio (CC OO): "La industrialización modificó el nivel económico, social y cultural en el norte; las tierras del sur han estado en manos de latifundistas que querían mano de obra barata, no gente formada".

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Una mano de obra que abandonó prematuramente las aulas y buscó dinero fácil en la construcción. Con la crisis, muchos de estos peones poco cualificados pasaron a engordar el batallón andaluz de parados: 1.129.500 personas. Mientras en Finlandia el nivel de abandono escolar es de un 5%, en Andalucía es del 37%.

Paralelamente a los resultados de PISA, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía ha hecho público que el 29,3% de los andaluces vive por debajo del índice de pobreza. En las ciudades andaluzas con más de 50.000 habitantes hay 160 barrios marginados. En ellos viven 1,3 millones de personas con un nivel de analfabetismo y desempleo un 50% por encima de la media nacional. Pedirles que haya libros en sus casas, cuando ni siquiera tienen para alimentarse decentemente, es una quimera.

¿Qué hacer? Nuestro vecino Portugal ha dado un salto espectacular y ya supera a España. Gracias a que el Gobierno destinó más ayudas a los sectores económicamente más débiles. Hoy es uno de los países que tienen un mayor porcentaje de alumnos de familias de escasos recursos con mejor nota en lectura. Imitémoslo. No solo subiremos la nota media, sino que haremos un acto de justicia.

Claro que en Portugal hay una oposición que apoya al Gobierno. Aquí sufrimos una oposición que utiliza la crisis para derribar al Gobierno y rompe los acuerdos en educación.

La Ley de Educación de Andalucía, pionera en su género, fue apoyada por la comunidad educativa y aprobada en el Parlamento, a finales de 2007, por todos los grupos, salvo el PP. Este año, en el último minuto, el PP se descolgó del Informe sobre Convergencia Educativa aprobado en el parlamento en febrero. En él se especifican 131 medidas para mejorar la educación.

Mientras, Javier Arenas pretende solucionar los problemas de la educación haciendo del maestro un policía y con rimbombantes vaguedades como la de "apostar por el esfuerzo, la exigencia y el mérito".

La educación debe estar por encima de la batalla política inmediata. Ahí se juega Andalucía su futuro. Porque los niños andaluces no son tontos; en todo caso, son pobres. Y como no son tontos, saben muy bien quién les está tomando el pelo.

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