Análisis:Análisis
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Humor rural

El maestro Gila colocó la España rural a niveles de la imaginería surrealista con aquellos festejos de boda tan eufóricos que terminaban con la muerte del novio. "Me han matado al hijo, pero lo que me he reído", concluía la madre en una línea fundamental para entender quiénes somos y de dónde venimos. José Luis Cuerda recuperó el absurdo rural con su película Total, rodada para la televisión, y Amanece que no es poco, donde un escritor era condenado a la cárcel por copiar a Faulkner: "Precisamente a Faulkner, en este pueblo que somos fanáticos de Faulkner".

Del hilo de Cuerda se ha nutrido un programa de humor que ha navegado por La 2 sin demasiado eco. Ciudad K, el lugar del planeta habitado por gente de mayor coeficiente intelectual, se parecía muchísimo a una España llena de señoras que leían en la peluquería a Hegel y profesores particulares que incitaban a la revolución antiburguesa a alumnos atocinados. En la web, fragmentados y clasificados, algunos de sus hallazgos podrían gozar de una segunda vida. Al final del humor siempre sobreviven sus chispas.

Informe Semanal dedicó al cómico José Mota una de sus piezas. Calentaban motores para el especial de Nochevieja y repasaban su trayectoria. El realizador Hugo Stuven trajo a Cruz y Raya desde una sala de fiestas a TVE, donde reinaron hasta su separación y en la que Mota ha logrado la fidelidad popular. Recordó a aquella profesora de su pueblo manchego que le golpeó con la regla en los dedos por responder a la pregunta "¿para qué sirven los huesos?", con un oportuno: "para hacer caldo". Pero aunque su humor nazca de aquella venganza, como vengador es su exitoso Tío de la vara, Mota confesó abominar el humor que causa dolor, daño a otros. Desarmado de ese cruel sentido catárquico, el humor resulta amable, sedativo, inofensivo.

Pronto rodará con Álex de la Iglesia, que persigue un humor con dolor. Pero ante la Nochevieja los españoles respiran tranquilos, saben que no habrá que enfrentarse a las escatologías de un Gurruchaga, la agria virulencia de los mejores Martes y Trece, la alta graduación de Tip y Coll o la boina subversiva de Gila. Mota es el tío más majo de la clase.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0013, 13 de diciembre de 2010.