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La crisis del euro

Trichet apremia a España a reformar las pensiones para apaciguar los mercados

"Las pruebas de resistencia son útiles y se harán periódicamente", asegura - El riesgo español y portugués vuelve a subir tras mejorar la semana pasada

Jean-Claude Trichet ha aterrizado en Madrid en un momento clave para hablar de un asunto clave. En pleno debate parlamentario sobre la reforma de las pensiones que debe concluir el próximo 28 de enero y cuando las tensiones financieras arrecian de nuevo sobre España tras el enésimo plan gubernamental que espantó por poco tiempo las dentelladas de los inversores, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) pronunció ayer un discurso en el que insistió en sus recetas habituales, pero con mayor contundencia que la habitual: España debe profundizar en las reformas estructurales -mencionó expresamente la del mercado laboral y de las pensiones- y en la consolidación de las finanzas públicas. El objetivo es ganar credibilidad en los mercados para que las turbulencias financieras no vuelvan, lo que es "esencial para la prosperidad" del país. Todo ello es "extremadamente importante", afirmó Trichet.

El BCE está alerta con los precios del petróleo, en niveles récords desde 2008

El responsable de la política monetaria de la eurozona comparecía junto al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, tras un seminario de gobernadores centrales de Europa y América Latina. Durante su estancia en Madrid admitió que el Gobierno de Zapatero ya ha tomado "importantes decisiones", pero insistió en la necesidad de profundizar en las reformas estructurales.

Lo hacía en un día en el que la prima de riesgo de los países de la eurozona en una situación más precaria -España y Portugal- habían sido de los más castigados en los mercados. Tras el momento crítico a finales de noviembre en el que el riesgo español alcanzó los 283 puntos básicos -lo que supone un sobrecoste para España a la hora de financiarse de 2,8 puntos porcentuales respecto a Alemania-, los inversores habían dado un respiro a los dos países que, tras el rescate griego e irlandés, parecían los siguientes en la lista.

Entonces el Gobierno anunció nuevas medidas de ajuste -puso un plazo definitivo a la reforma de las pensiones y subió los impuestos al tabaco-, y el BCE trató de calmar las tensiones intensificando la compra de deuda. "El mercado supo apreciar esta decisión", dijo Trichet. Pero la medicina cada vez baja menos la fiebre, y lo hace durante menos tiempo. Porque en solo tres días la prima cayó más de 60 puntos. Pero desde el pasado miércoles el riesgo no ha hecho más que crecer; y tan solo ayer remontó una docena de puntos. Portugal, en 332 puntos, ha vivido una tendencia muy parecida. Y detrás vienen Italia y Bélgica, con más de 160 y 100 puntos respectivamente.

En la rueda de prensa que dio en la majestuosa sede del Banco de España, Trichet esquivó con elegancia las preguntas de los periodistas locales que le reclamaban un mensaje de tranquilidad para los españoles. "Vamos a trabajar con decisión para que las turbulencias no nos afecten", se limitó a decir. Y sobre la falta de efectividad de las políticas adoptadas tanto por los Gobiernos como por las instituciones europeas para calmar a los inversores, el guardián del euro reclamó tiempo para que se haga palpable la efectividad de estas medidas. Mercados y observadores viven ahora "un compás de espera", aseguró.

Trichet sí fue claro en la defensa de las pruebas de resistencia a la banca, exámenes que se encuentran en entredicho después de que saliera a la luz el agujero de la banca irlandesa, que en su mayoría había aprobado. "Son pruebas útiles y deben realizarse de forma sistemática y periódica a ambos lados del Atlántico", aseguró tajante. Tras los análisis publicados el pasado mes de julio, está prevista una nueva ronda de exámenes a principios del próximo año.

Y por si fuera poco con la crisis fiscal que amenaza con resquebrajar la zona euro, el BCE se enfrenta a un problema que hasta hace poco no preocupaba demasiado: el repunte del precio del petróleo, que ha caído como una losa y puede lastrar el crecimiento de los países ricos. Si bien reconoció que de momento no hay una amenaza inflacionista que aconseje subir los tipos de interés -ahora en el mínimo histórico del 1%-, Trichet admitió que sigue muy de cerca la evolución del precio del petróleo, que supera los 90 dólares, el máximo desde 2008. "Estamos alerta. Lo tenemos en mente para plantear nuestra política", concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de diciembre de 2010