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Crónica:LEVANTE 2 - ATLÉTICO 0 | FÚTBOL | 14ª jornada de Liga

El Levante baila al Atlético

La convicción y firmeza del conjunto granota supera a un rival inapetente

Por mucho que Quique, desde la grada, le echara pimienta, el Atlético siguió toda la tarde desganado. Ni Fran Mérida ni Diego Costa, que completaban un ataque de cinco, amenazaron a un Levante muy convincente de principio a fin. Muy seguro de cómo quería defenderse y atacar: juntos, veloces y sin concesiones. El Ciutat de València lo celebró como un triunfo colosal.

Minuciosamente cincelado por su entrenador, Luis García Plaza, el Levante se ha convertido en un equipo poco a poco respetable en su estadio. El respeto que despiertan las cosas bien hechas: la solidaridad, la unidad de las líneas y la predisposición a salir jugando el balón. Bajo la inapelable autoridad de Ballesteros, un central a la antigua que contradice las leyes de la naturaleza. Con los años -y ya son 35-, el defensa valenciano ha ido perdiendo dureza y ha ido ganando elegancia para anticiparse y limpiar la pelota en un mensaje inequívoco a sus compañeros. "Aquí también se juega al fútbol", parece decirles, a pesar de lo que podría suponerse a tenor de la nómina de jugadores de la plantilla, muchos de ellos considerados desechos de tienda para otros entrenadores, recuperados milagrosamente por Luis García. Xisco Nadal, por ejemplo, una bala ayer desde el extremo derecho, imparable para Antonio López, a quien sacó los colores.

Ante la obligación de llevar la iniciativa, el Atlético mostró sus carencias

Puesto que sabe perfectamente que dispone de pocos recursos, el Levante les da a los córners a favor una importancia capital. De ambos lados los lanza el zurdo Rubén; los de la derecha, enroscados hacia adentro; los de la izquierda, abiertos hacia la corona del área. De uno de ellos, muy mal defendido por la defensa atlética, llegó el primer tanto del Levante: Nano cabeceó bajo la línea de gol en el minuto dos.

El Levante se encontraba en su territorio preferido; con la ventaja y el permiso para salir a la contra. Allí esperaba el poderoso Caicedo, muy superior a los centrales atléticos, con el gatillo muy afilado.

Ante la obligación de llevar la iniciativa, el Atlético mostró sus carencias, poco fluido en la distribución de balón, con muchas pérdidas que propiciaron la primera víctima: Assunção, sustituido por Mario Suárez a la media hora. Quique no esperó ni al descanso. Advertido el equipo granota de que las diagonales de Reyes eran la parte más peligrosa del Atlético, cada vez que el extremo sevillano arrancaba se le echaban encima un puñado de azulgrana.

El partido siguió por las mismas coordenadas tras el descanso: la majestuosidad de Ballesteros en el corte, el culebreo de Xisco Nadal y la inapetencia del Atlético, fiado en exceso a algún pelotazo largo que Agüero bajara del infierno. Allí descendió directamente Simão cuando cambió de orientación en horizontal desde la zona del lateral izquierdo del Atlético. Con tan poca precisión que el balón le cayó en el otro extremo a Juanlu, rapidísimo en la reacción. Su pase hacia la frontal del área lo convirtió Caicedo en una pequeña obra de arte: más que disparar, acarició el balón con el interior de la zurda y lo depositó en la escuadra izquierda de De Gea. El quinto gol en el torneo del delantero ecuatoriano, un regalo del Manchester City del que el Levante está sacando un partido extraordinario.

Desdibujado Forlán, sólo los latigazos de Agüero sembraron alguna inquietud en la zaga granota, custodiada a la perfección por el meta Reina, muy oportuno en las salidas fuera de su área para cortarle el paso al Kun. Hasta el final, el Levante siguió haciendo lo que debía: mantener el balón y arriesgarlo lo menos posible, tarea de la que se encargaron impecablemente sus dos mediocentros, Xavi Torres y Pallardó. Dentro de sus posibilidades, aquello era lo más parecido a una hazaña para el Levante. Para el Atlético, la confirmación de una crisis que asoma cada vez con más fuerza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de diciembre de 2010