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Necrológica:

Peter Hofmann, tenor y cantante de rock alemán

Fue un ídolo de los seguidores de Wagner y un exitoso intérprete de pop

Comunicativo, apuesto y poseedor de una bella voz de gran pureza tímbrica y perfecto control de emisión. El tenor alemán Peter Hofmann, que había empezado como cantante de rock y terminó su carrera volviendo a la música ligera, se especializó en las óperas de Wagner. Lo tenía todo para alcanzar el cielo en el mundo de la lírica y lo consiguió. Fue el suyo un reinado relativamente breve, apenas 14 años, pero causó impacto. En el santuario wagneriano del Festival de Bayreuth, donde debutó en 1976, le adoraban y cuando abandonó la ópera por el rock y las baladas pop siguió teniendo el favor y el fervor del público en Alemania hasta que la enfermedad de Parkinson le apartó de los escenarios en 1999. Murió el pasado martes a los 66 años en un hospital de la población alemana de Selb, en el Estado de Baviera, a causa de una neumonía, según informó su hermano.

Peter Hofmann nació el 22 de agosto de 1944 en Marienbad, actual ciudad de la República Checa, pero se crio en Darmstadt, donde empezó su carrera musical a los 16 años como cantante y guitarrista de una banda de rock. Antes de dedicarse profesionalmente al canto como tenor, estudió música en la Universidad de Karlsruhe, donde destacó, además, como deportista de competición llegando a ser campeón juvenil de salto con pértiga del Estado de Hesse.

Hizo su debut operístico en 1972 en la Ópera de Lübeck, interpretando el papel de Tamino en La flauta mágica, de Mozart. No tardó mucho en demostrar que tenía talento y tras pasar por diversas compañías de ópera alemanas, entre ellas la del teatro de Stuttgart, el éxito le llegó cuando en 1976 se presentó en el Festival de Bayreuth interpretando el papel de Sigmund, de La walkiria, en la mítica producción del Anillo del Nibelungo con dirección de escena de Patrice Chéreau y musical de Pierre Boulez creado para conmemorar el centenario del festival. Volvió a Bayreuth en 1978 y repitió cada año hasta 1989, cuando su fatigada voz ya había perdido por completo el brillo y la exhibición de sus atléticos pulmones eran una sombra de un pasado que le convirtió en ídolo de los seguidores wagnerianos.

Su triunfo en Bayreuth le abrió las puertas de los principales teatros de ópera del mundo, donde le contrataban para interpretar los personajes wagnerianos de Tristán, Lohengrin, Parsifal y Walter von Stolzing, de Los maestros cantores de Nurenberg, con los que cimentó su éxito no solo de importante tenor heroico sino también de atractivo cantante de larga melena rubia, inusual en el mundo de la ópera en las décadas de 1970 y 1980. En España se le pudo escuchar en el teatro del Liceo de Barcelona, donde debutó, en el periodo más álgido de su carrera, inaugurando la temporada 1981-1982 interpretando Lohengrin. Regresó en 1983 con otra ópera de Wagner, La walkiria, y se le escuchó por última vez en 1988 cantando Parsifal. Ya en ese momento su estrella operística estaba en declive y tras recibir los abucheos en varias representaciones abandonó el mundo de la ópera en 1990.

Lejos de apartarse de los escenarios, Hofmann centró su carrera en el rock y las baladas pop, que durante sus años como tenor operístico nunca abandonó. De hecho su primer álbum, Rock classics, de 1982, obtuvo pocos meses después de salir al mercado dos discos de platino y la decena de grabaciones de rock y baladas pop hasta 1998 fueron grandes éxitos en Alemania. Justo después de dejar los escenarios fue fichado para protagonizar en Hamburgo la versión alemana del musical de Andrew Lloyd Webber El fantasma de la ópera, de la que llegaron a hacerse más de 300 representaciones.

En 1994 le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson y en 1999 la hizo pública. En la etapa más avanzada de la enfermedad ya no podía ni hablar y precisaba de una silla de ruedas. Su legado lo componen una veintena de discos, entre el pop, el rock y la ópera, de la que deja notables registros de Fidelio, bajo la batuta de George Solti; Parsifal, con Herbert von Karajan; La walkiria, con Pierre Boulez; y Tristán e Isolda, con Leonard Bernstein.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de diciembre de 2010