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Crónica:SPORTING 0 - REAL MADRID 1 | FÚTBOL | Undécima jornada de Liga

Benzema pone fin a la guerra brava

Un remate del francés propicia el gol de Higuaín en los últimos minutos de un partido muy tenso, disputado con mucho ardor tanto por el Sporting como por el Madrid

Benzema, probablemente el jugador más inexpresivo del campeonato, fue decisivo para resolver un partido condicionado por las pasiones. El francés volvió a ingresar como alternativa de urgencia y sus intervenciones acabaron por desbordar la tenaz resistencia del Sporting, que estuvo a punto de ahogar al Madrid y no se rindió hasta que se quedó sin pulmones. La capitulación llegó después de un cabezazo de Benzema, demasiado fuerte y bien dirigido para que Juan Pablo pudiera atraparlo. Higuaín se ocupó del rechace del meta empujando la pelota a gol.

El ruido empezó en las televisiones y las radios y se propagó con las sirenas de la policía que acompañó al Madrid hasta El Molinón. El público respondió con ardor y el partido fue una consecuencia estruendosa de las tensiones generadas por José Mourinho y Manuel Preciado. Pero los jugadores, a diferencia de sus técnicos, no infringieron los códigos del juego. Hubo guerra brava, pero también nobleza, generosidad y respeto por el sacrificio ajeno. El Sporting hizo un derroche de entrega y coraje. El Madrid respondió con más de lo mismo. Desde el primer minuto. No hubo tregua para dos adversarios que salieron a apretarse con un empeño poco habitual. No hubo escaramuzas. No hubo reconocimientos tácticos. Fue un partido directo. A la inglesa.

SPORTING 0 - REAL MADRID 1

Sporting: Juan Pablo; Lora, Botía, Gregory, José Ángel; Rivera, Eguren (Luis Morán, m. 86); Nacho Novo, Carmelo (De las Cuevas, m. 72), Diego Castro; y Sangoy (Barral, m. 78). No utilizados: Cuéllar; Sastre, Sergio e Iván Hernández.

Real Madrid: Casillas; Sergio Ramos, Pepe, Carvalho, Marcelo; Khedira, Xabi Alonso; Cristiano Ronaldo, Özil (Arbeloa, m. 89), Di María (Benzema, m. 65); e Higuaín (Lass, m. 84). No utilizados: Adán; Albiol, Pedro León y Granero.

Gol: 0-1. M. 82. Higuaín.

Árbitro: Turienzo Álvarez. Expulsó a Botía con tarjeta roja directa (m. 93) y amonestó a Diego Castro, Carmelo, Eguren, Lora, De las Cuevas, Higuaín y Khedira.

29.500 espectadores en El Molinón.

No hubo reconocimientos tácticos. Fue un encuentro a la inglesa

Cristiano, agrandado con la atmósfera, tomó la responsabilidad en el arranque

Los dos equipos se amontonaron en el centro del campo para desactivarse

Botía completó una actuación imprescindible para detener al Madrid

El Sporting adelantó su zaga hasta el círculo central y se lanzó a la carga alentado por una tribuna desbocada. No es fácil interrumpir las aceleraciones del Madrid. El equipo asturiano lo consiguió a fuerza de correr muchos kilómetros y de no perder detalle. Cristiano asumió la responsabilidad en el arranque. Agrandado con la atmósfera bullanguera, el portugués infló el pecho, resopló y pidió el balón antes de emprender acciones individuales en un intento por deshacerse de la presión que sufría su equipo en el medio campo. Quizá debió buscar más apoyos, pero el tuya-mía no va mucho con su estilo y sus compañeros tampoco hablan ese lenguaje. Lo cierto es que encaró, venció a Eguren, se fue de Rivera y Lora y por poco no se queda solo ante Juan Pablo en un par de ocasiones. Si no lo logró fue porque de las filas del Sporting se desprendió un oportuno héroe local: Botía. El central completó la clase de actuación imprescindible para detener las andanadas de este Madrid.

En el fragor de la primera parte, Eguren se volvió hacia sus centrales y les hizo un ademán enérgico desde el círculo central. Les pidió a gritos que adelantaran la línea para cerrar líneas en torno a Di María, Özil y Cristiano. Veteranos como Eguren y Rivera no permitieron distracciones y los problemas se multiplicaron para el Madrid, que tuvo muchas dificultades para dar velocidad a las jugadas. Solo Higuaín dispuso de una ocasión en la primera parte gracias a un pase de Özil. Su tiro se estrelló en un palo.

Los dos equipos se amontonaron en el medio campo intentando desactivarse mutuamente y a las dificultades para poner la pausa y elaborar se sucedieron los pelotazos hacia las dos áreas. Triunfaron los centrales sobre los delanteros. Botía y Gregory resolvieron sus problemas frente a Higuaín mientras que Pepe, en el área de enfrente, se impuso a Sangoy en un choque que casi acaba en una trifulca después de que el argentino viera cómo le anulaban un gol por un fuera de juego.

El partido se fue abriendo según se agotaban los jugadores del Sporting, sometidos a un desgaste terrible. El Madrid no logró jugar bien, pero recuperó el aliento. Xabi Alonso dio un paso atrás, ganó un segundo para pensar y entró en acción para aprovechar las fisuras que se abrían en la defensa local. El mediocentro habilitó a Di María con un pase de zurda, muy preciso, hacia fuera. El argentino lo aprovechó para poner a prueba a Juan Pablo, que cambió la mano y consiguió desviar el misil.

Juan Pablo apareció como el recurso de última instancia para un Sporting al que le empezaban a fallar las piernas. El portero estuvo a la altura de las circunstancias. Sobre todo, cuando se quedó mano a mano con Higuaín, después de otro contragolpe iniciado por Xabi, y pudo sacar una mano para impedir que el delantero le batiera con un tiro seco a su derecha. Tal vez Higuaín se equivocó de palo. Pero Juan Pablo reaccionó con puntualidad.

Preciado refrescó a su ataque metiendo a Barral y De las Cuevas para emprender la última arremetida. Le faltó poco para sorprender al Madrid al contragolpe y Casillas debió estirarse abajo y a fondo para hacer la parada de la noche y evitar que un cabezazo de Barral se le colara en la red.

En la búsqueda de soluciones, Mourinho cambió a Di María, uno de los jugadores más activos hasta el momento, por Benzema. Fue una medida arriesgada que proporcionó muy buenos resultados. Benzema no es el que era y en El Molinón se encargó de dejar su sello con categoría y, sobre todo, con agresividad. Una vez más, revolucionó el partido, un encuentro muy condicionado desde los altavoces de los técnicos que se cerró sin otras palabras mayores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de noviembre de 2010