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Entrevista:EP3 - MÚSICA

Jamiroquai, el aburrido

Ni los coches, ni las juergas, ni los pleitos salvan del tedio al rey blanco del funk. Nos lo desvela en sus dominios.

Ni los coches, ni las juergas, ni los pleitos salvan del tedio al rey blanco del funk. Nos lo desvela en sus dominios.

Cuando uno se tira por una montaña rusa tiende a aferrarse con tal fuerza a las barras de seguridad que los nudillos se le ponen de color blanco. Esta es la traducción aproximada de la expresión inglesa White knuckle ride que da título al primer single del último trabajo de la banda Jamiroquai. Y también resume a la perfección la extraña e increíble sensación que queda tras visitar al líder del grupo, el mediático Jason Kay, en su mansión de más de cuatro millones de dólares en Buckinghamshire, un capricho con 28 hectáreas de campo, lago artificial, circuito de karting y hasta ermita victoriana privada.

Jason Kay utilizó como gancho para la prensa su casa, donde orquestó la promoción de su nuevo disco, Rock dust light star, bajo la promesa de posar frente a alguno de los bólidos que forman su colección de más de 50 coches ?entre los que se encuentran al menos cuatro Ferrari, varios Porsche, BMW, Mercedes y un Rolls Royce.

"Ya no soy ese alocado veinteañero que hacía carreras ilegales por España"

La primera parada es el enorme estudio de grabación que se ha construido en un edificio anexo que en su tiempo hizo las funciones de caballerizas. Allí, los dos productores del disco, Charlie Russell y Brad Spence, explican antes de la entrevista detalles sobre un trabajo que, presumen, se ha hecho "casi en directo" y pretende ser un regreso al clasicismo de la música negra bailable. Pasado el trámite, llega el encuentro cara a cara con el icono del funk comercial blanco.

"Tengo un dolor de cabeza de cojones. He tenido que estar hablando con un tío sobre el jodido helicóptero del videoclip durante media hora". Esa es la primera frase que suelta en el porche de su mansión mientras de fondo se escuchan los pajaritos. Y realmente uno no sabe si el cantante se encuentra mal, si ha tenido un día chungo o, simplemente, demasiado largo. Arrastra las palabras con desgana y lleva un chándal y una camiseta de marca que sería difícil asegurar cuándo fue la última vez que visitaron una lavadora. No se ha afeitado en un par de días y tiene el pelo revuelto. Refunfuña cinco minutos más y, tras terminarse una cerveza que lleva en la mano, invita a entrar en su casa. Siguiente sorpresa: el salón tiene más metros cuadrados que dos pisos de Lavapiés, pero está decorado escasamente con dos sillones de orejas muy bajos, un escritorio y una enorme alfombra.    

A los pies de su sillón descansan al menos cuatro botellas de cerveza. Al lanzarle la primera pregunta, se repantinga hacia atrás, se rasca la entrepierna y contesta con desgana: "Sí, ya no soy ese jovencito que pasaba drogas para comprarse su primera caja de ritmos. Es cierto que ahora tengo 40 años y todo es mucho más pausado. Me apetece mucho menos irme de fiesta, salir o exponerme tanto como hacía antes. Ya no soy ese alocado veinteañero que hacía carreras ilegales por las carreteras españolas", asegura.

Afuera, un empleado se dedica a cerrar las puertas de los garajes con calefacción que guardan su colección de coches y los perros ladran. Jason vuelve a acomodarse en su butaca, da un largo trago a su cerveza y dice: "Con lo que contamina toda la puta industria armamentística se podría generar la energía que mantiene encendidas las neveras de medio mundo, ¿cómo es posible que se fijen en si mis coches contaminan o no? Un coche es arte; me gustan los antiguos, esos que casi se han realizado a mano. Estoy un poco harto de que me digan estas cosas". Es entonces cuando queda claro que, más que una entrevista, aquello va a ser un monólogo y que, por más superestrella que uno sea, hay días en que no está para nadie. Y la conversación desvaría hacia que "es el dinero que genera la droga el que realmente mueve el mundo" o a lo cansado que le dejó el pleito con su última discográfica. "Mira, lo que realmente me apetece es enseñar este trabajo en vivo en una gira. Llevo unos siete años apartado del público, y eso es lo que me apetece, aunque lo que estoy deseando ahora mismo es que se me quite el dolor de cabeza". Se levanta con cara de enfermo, mesándose los cabellos, y desaparece tras la puerta de la cocina. De la sesión de fotos con sus coches, ni hablamos. Hasta el líder de Jamiroquai, con todo su glamour, puede sufrir un día de aburrimiento mortal. 

Rock dust light star se edita el 2 de noviembre por Universal. www.jamiroquai.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de octubre de 2010