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Reportaje:

Una noche única e inverosímil

Tres actores, un músico y un artista improvisan en los Teatros del Canal

"¡Corten!". Grita uno de los actores que saludan desde el escenario mientras el público aplaude al finalizar la obra. La audiencia hace silencio. "Quiero que deis un último aplauso a los productores y directores de esta obra: vosotros". Vuelven las palmas. Así acaba una noche más, una noche única y diferente de Impromadrid. Este es el final de una obra que, bajo el genérico nombre de Las patrañas efímeras del Manifiesto Corten, se inventa cada noche en la sala verde de los Teatros del Canal. Aquí no hay guión, no hay estructura. Los únicos elementos comunes son los tres actores (Ignacio López, Ignacio Soriano y Jorge Rueda), la responsable del vestuario (Tatiana de Sarabia), el músico (Nacho Mastretta) y el pintor o escenografista (Suso 33), además de los técnicos.

Todos forman parte de la representación, pero cada noche hacen algo distinto. La noche del estreno la protagonista fue Sonsoles, de 45 años. Tres noches después, lo fue Diego, de 35. Personajes inventados sobre la marcha con la ayuda del público, cómplice necesario que colabora en la caracterización de los arquetipos. "¿Alguien puede decir el nombre de un compañero de trabajo?", pregunta uno de los actores desde el escenario. "Diego", contesta un espectador desde el público. "¿Y alguien conoce a otro Diego?", vuelve a preguntar el actor. Ante la respuesta afirmativa continúa: "¿A qué se dedica Diego y qué edad tiene?". La respuesta arranca la obra: "Tiene 35 años y es estudiante". Así comienza la historia de esta noche. Diego, estudiante de 35 años, barre en una carnicería. Estudia Educación Física en la universidad, pero mantiene tres trabajos. Su novia, de 16 años, le deja por otro en un parque en el que hay un excremento de perro. La madre de Diego, que se está quedando ciega, le pide que traiga más dinero a casa, por lo que este termina ejerciendo como gigoló. Una historia delirante en la que se van añadiendo elementos y personajes, como el profesor de inglés, Patxi, que tiene una tenia y se va convirtiendo en gusano.

La propuesta de Impromadrid es divertida y ágil. Busca la complicidad del público en los arquetipos creados: Diego imita a Ramoncín y su peculiar versión del Come as you are de Nirvana en una escena, por ejemplo. Los actores cortan la dramatización para añadir elementos, pedir una escenografía concreta a Suso33, que mientras ellos actúan improvisa con su pincel al tiempo que Mastretta pone la banda sonora, o para pedirse incluso, entre ellos, más dramatismo. En algunas escenas, ante lo inverosímil de la situación, aguantan la risa como pueden.

Un contador, que se acciona durante las pausas, les indica que deben ir cerrando. El tiempo pasa rápido, y para cerrar las seis tramas que llegan a abrir a partir de Diego los actores vuelven a pedir ayuda al públicoque, en esta ocasión, elige un final feliz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de octubre de 2010