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Reportaje:

Un novelista dedicado a enseñar

Eliacer Cansino gana el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil

El escritor sevillano Eliacer Cansino obtuvo ayer el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2010 por Una habitación en Babel (Anaya). El Ministerio de Cultura concede este galardón, que está dotado con 20.000 euros. La novela recibió también el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil de 2009. Cansino es catedrático de Filosofía en un instituto de San Juan de Aznalfarache (Sevilla). Lleva 30 años ejerciendo la enseñanza.

Una habitación en Babel entrevera las vidas de sus personajes, que se mueven en un escenario común: el edificio de la Torre. "Sitúo a los personajes en un gran edificio en el que conviven personas de distintas culturas. Ese bloque se convierte en una babel no solo porque las lenguas sean distintas, sino porque los conflictos entre las personas provocan desentendimientos", explica Cansino.

'Una habitación en Babel' muestra los conflictos que hay en un edificio

"Babel es un símbolo de la confusión. En la novela hay conflictos entre los propios adolescentes. Son conflictos de celos y de integración en el grupo. Y luego están los conflictos sociales provocados por la pobreza, la incomunicación y la delincuencia, que es probablemente el grado más alto de la marginación", detalla Cansino.

Sin embargo, la novela deja una puerta abierta a la esperanza. En medio de la pobreza y la falta de comprensión mutua hay un resquicio de luz. "El tema clave es la esperanza. Una novela juvenil siempre tiene que contener una dosis de esperanza. Cualquier persona que trabaje con jóvenes debe tener una mirada optimista y ha de creer que la felicidad es posible", añade el autor galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.

Los protagonistas de Una habitación en Babel son un chico inmigrante africano y un profesor que se ve envuelto casi sin querer en los problemas del muchacho. "Este profesor representa el ejercicio del deber más allá de lo exigible y la aparición del amor, que es el gran traductor ante la confusión del mundo, el gran diccionario de las distintas lenguas. Cuando no nos entendemos, el amor es capaz de superar las diferencias de lenguas y de culturas", afirma Cansino, entre cuyos libros figuran Nube y los niños (2001), El lápiz que encontró su nombre (2005) y Julián tiene miedo (2009).

La experiencia docente es un elemento fundamental en la escritura del autor. Cansino considera el contacto con los alumnos "muy estimulante y edificante". "A pesar de las circunstancias de cada época, hay un hilo conductor que se mantiene en todos los adolescentes. Por ejemplo, el sentido de jugar en los límites o el sentido de la honestidad. Me gusta desvelar a los adolescentes algo que está dentro de ellos", comenta el novelista.

"Me interesan los problemas existenciales que se dan en los jóvenes. Fundamentalmente hay una cierta desorientación en la vida. Salen del universo de la infancia, que es una realidad segura, y se encuentran con que el mundo es más confuso de lo que parece. Esa situación de desorientación pone a los jóvenes en una actitud de búsqueda que me interesa recoger. Es el momento en que los adolescentes se hacen las grandes preguntas sobre el sentido de la vida", asevera el novelista.

Cansino ve año tras año cómo cambian las caras de sus alumnos. Sin embargo, las actitudes son las mismas. "Comparto con ellos sus vivencias, aunque algunas se me escapan. La edad no perdona. Tengo muy presente lo que es su mirada inquisitiva y su mirada de inseguridad. A veces, detecto las falsas poses de seguridad de todo adolescente que, en el fondo, encubren una incertidumbre sobre las cosas", concluye Cansino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de octubre de 2010