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CARTAS AL DIRECTOR

Tea Party

Cuando pensamos en el Tea Party no sabemos si sentimos un profundo miedo o una profunda pena. Al fin y al cabo, sufren igual que todos los estadounidenses una crisis, no de dos años, sino de tres décadas en que no han visto sus sueldos subir mientras los ricos embolsaban las ganancias de una economía que ha más que doblado su valor.

Piden respuestas para su frustración, y las encuentran en las teorías conspiratorias de Fox News y la extrema derecha. Exigen "menos impuestos y menos Estado." No importa que sean ideas neoliberales ya tan desacreditadas. Es el mantra y el legado del reaganismo, posiblemente el único modelo económico que forma parte de su conciencia colectiva.

Buscan enemigos, y los encuentran en el espectro de un socialismo inexistente, en los inmigrantes, y en pequeñas minorías religiosas dentro de su país. Olvidan los principios de su democracia y reclaman un EE UU más blanco, más cristiano y más bélico. "Más nación" significa menos derechos para los que no son "verdaderos americanos".

Como estadounidenses esperamos que la señora Aguirre sea ignorante de la verdadera amenaza para la democracia que representa grupos como este. Pero como residentes de la Comunidad de Madrid entendemos la astuta política que es.

A Esperanza Aguirre le encantaría tener su propia versión española del Tea Party americano. Como ideóloga impenitente del neoliberalismo le vendría como anillo al dedo un grupo que desviara, a través del miedo y la intimidación, la atención de los verdaderos culpables de la crisis. Que culpan a los débiles, a los indefensos. Que siembran odio y división. Que haya una nueva noche de los cristales rotos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de octubre de 2010