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Los anticuarios catalanes, divididos

Montjuïc y las Atarazanas acogen distintos salones de arte y objetos antiguos

En mayo, la Fira de Barcelona anunció que los dos salones de anticuarios que se celebraban en Barcelona -uno en primavera, en el recinto ferial de Montjuïc, y otro en otoño, en el edificio gótico de las Atarazanas- se unían para "reunir todo el sector y consolidar una tradición iniciada hace más de tres décadas". La realidad ha demostrado lo contrario: el sector está dividido y no solo se han seguido celebrando dos salones, sino que además el Salón 2010 de Arte y Antigüedades -que hoy concluye en las Atarazanas- y el 34º Salón de Arte y Antigüedades -hasta el próximo día 24 en la Fira- han coincidido este fin de semana.

"Desde 1986, la Fira y el gremio habían organizado el Salón de Anticuarios", asegura Miquel Sauret, un anticuario de Balaguer que forma parte de la junta directiva del Gremio de Anticuarios, la entidad que organiza el salón, que ha reunido a 36 expositores en las Atarazanas. "Al llegar la crisis, la Fira ha prescindido de nuestra colaboración, arguyendo que no se habían conseguido los objetivos. Se lo han cargado".

Fuentes de la Fira aseguran: "La primera opción fue seguir con el gremio, pero ellos no se veían capaces de aportar los expositores mínimos; por eso cambiamos de organizador"."Queremos un salón potente, por eso se contactó con Flaqué Internacional, que organiza el Barcelona Bridal Week, dedicado al negocio nupcial. Pero nuestra política es la de sumar esfuerzos", explica la Fira. Una opinión que no comparte Sauret: "No digo que se haya mentido a los que exponen en la Fira; se ha confundido explicando que se unían los dos salones, pero no es verdad", concluye.

"Lo ideal sería exponer juntos", mantienen en las Atarazanas los propietarios de Tàndem Antiguitats y Fernando Pinós, que exponen esculturas de Mateo Hernández, entre ellas una enorme gorila valorada en 230.000 euros y un comedor modernista firmado por Gaspar Homar, respectivamente. Lo mismo asegura Víctor Bardia, que en la Fira vende art nouveau y arte contemporáneo. "La división se debe a un conflicto de intereses, pero deberíamos estar juntos", asegura, junto al cuadro L'illa, de Miquel Barceló, valorado en 1,2 millones de euros.

Otro punto de vista tiene Alejandro, que regenta Aporia y que a primera hora de ayer ya había vendido su pieza estrella, un armario único de Puig i Cadafalch: "Soy del gremio, pero expongo en Fira porque se han quedado anclados en el pasado".

Àlex Flaqué, director del salón de la Fira, niega la división, pero reconoce la confusión creada: "Son dos modelos; nosotros aspiramos a ser una feria de referencia internacional, de primera liga como son las de Madrid o Maastricht, mientras que de los que exponen en las Atarazanas solo podrían estar aquí seis. El año que viene se verá cuál es el salón bueno", sentencia.

Todos coinciden en que las ventas han disminuido por la crisis. "Se compran antigüedades porque gustan o para invertir, ya que se revaloriza un 20% cada año", afirma Bardia, que explica que para incentivar al comprador los precios se han bajado entre el 20% y el 30%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de octubre de 2010