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La encargada del bar dio trabajo a su asesino

Piedad Torralbo empleó a su pareja, el comercial de congelados que acabó con la vida de ambos en Getafe

Piedad Torralbo, la encargada de un céntrico bar de Getafe, fue asesinada la noche del jueves a manos de Damián Jesús, un hombre con el que mantenía desde hace años una relación tormentosa. Torralbo, de 47 años, tenía una orden judicial de ingreso forzoso en un psiquiátrico que debía hacerse efectiva los próximos días. La policía encontró el documento durante el registro del domicilio en el que el hombre, muy celoso y posesivo, asesinó a su pareja y se quitó la vida instantes después.

Piedad, una mujer con tres hijos de anteriores relaciones, era de origen andaluz y había vivido en Alemania. Desde hace casi dos décadas trabajaba en un populoso bar de la ciudad, El Norte, que antes había sido una pizzería. Después ella se convirtió en la encargada del negocio y compartía los beneficios con el dueño, un señor con varios locales en el centro. A la tasca acudía cada semana un representante que compraba congelados de madrugada en Mercamadrid y después los distribuía por los comercios del sur de la región. Se gustaron, quedaron para verse a la salida del trabajo. Él se llamaba Damián Jesús y se trataba de su futuro asesino.En la fachada del bar colgaba ayer un cartel de cerrado por inventario. A su lado otro que anunciaba para las seis de la tarde una concentración en la plaza del Ayuntamiento en repulsa por el crimen. Una calle más arriba permanecía abierta otra taberna del mismo dueño donde Piedad era muy conocida, El Centro. "Su desgracia fue conocer a este hombre", resumía dolida la encargada de este negocio. "Yo lo veía como un hombre frío pero claro, no esperaba algo así, ha sido terrible". "Se ha perdido una gran mujer, trabajadora, buena gente, entregada. Nadie podía reprocharle nada a ella". Piedad Torralbo, una vez que empezó a salir con el representante de congelados, se fue a vivir con él y de paso lo empleó en el bar. Ella era su jefa.

Las amigas de Piedad califican al agresor de celoso y controlador

Ningún vecino oyó ruidos la noche en que Damián acabó con la vida de ambos

La relación, según cuentan los que la conocieron, tuvo muchas idas y venidas. Lo dejaron varias veces, dejaban de quedar un tiempo, pero no terminaban de finiquitar el compromiso. Una ex compañera de trabajo explica que Piedad dejó hace tres meses de trabajar en la tasca para no tener que verle. "Seguían quedando después de haber roto. Eso complicó mucho la relación, era muy tormentosa", agregaba otra amiga.

Mientras todos comentaban a mediodía la tragedia en el bar, una hija de la asesinada, Jenny, de 23 años, llamaba al teléfono fijo del local para pedir a las empleadas que no comentasen detalles de la vida de su madre, a la que debían respetar su memoria. En esas llegaba un hijo del asesino, destrozado, acompañado por familiares. Comentaba lo que había ocurrido la noche anterior. Por sus gestos de rabia, las lágrimas, parecía no entender nada de lo que había ocurrido.

La vida de Damián, de 50 años, celoso, controlador, obsesionado con la relación que había mantenido, giraba en torno a todo lo que tenía que ver con ella. El jueves, sobre las diez de la noche, estuvieron cenando los dos en el apartamento (calle de Ruiz de Alarnes) en el que vivían por temporadas con dos hijos de ella. No se escucharon gritos, según los vecinos del edificio, ni discusiones, nada que hiciese presagiar lo que estaba a punto de ocurrir. Nunca se habían denunciando ni consta que hubiese malos tratos anteriormente. Lo siguiente, cuentan en el bloque, fue escuchar los gritos de la hija por el pasillo: "Los dos están muertos". Se derrumbó a continuación sobre el capó de un coche aparcado en la puerta. En el interior yacían los dos cadáveres. Piedad estaba boca arriba cosida a puñaladas y, apoyado en su costado, Damián Jesús. La policía confirmó ayer que el hombre la asesinó aprovechando que los dos estaban solos en el domicilio y que él después se quitó la vida con un arma blanca.

Los investigadores del Grupo VI de Homicidios se hicieron cargo del caso. Durante el registro de la casa hallaron una orden judicial en la que se decretaba el ingreso hospitalario de Torralbo. Se cree que el deterioro de la relación y la presión a la que ella estaba siendo sometida comprometieron su estado de salud.

La muerte de la cuarta víctima por violencia de género en la Comunidad de Madrid en lo que va de año provocó numerosas muestras de rechazo. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, animó en el Consejo de Ministros a "renovar el compromiso de todos para acabar con la violencia de género". Paloma Adrados, consejera de Empleo y Mujer, mostró su repulsa por el asesinato y expresó su pésame a la familia de la fallecida. La Asamblea de Madrid convocó a mediodía un minuto de silencio, como ocurre siempre que se produce un crimen machista.

El momento más emotivo se vivió en Getafe. A las seis de la tarde. Al grito de "todas somos Piedad Torralbo" se rompieron los cinco minutos de silencio que realizaron las autoridades y un gran número de ciudadanos que se acercaron al lugar. Pedro Castro, el alcalde, pidió un gran pacto de Estado para acabar con las muertes por violencia de género. "Con una denuncia se pueden evitar porque siempre hay señales", agregó Castro. Todos los allegados a Piedad aseguraban no haber visto ni uno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de octubre de 2010