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Reportaje:BRECHA ABIERTA

"Cárceles de exterminio"

ETA difunde la idea de que la política carcelaria pretende aniquilar a los presos

Ander Iriondo, padre de Aitzol Iriondo, jefe de ETA detenido hace dos años, pone como condición para hablar con EL PAÍS que este periódico explique antes a los responsables de la asociación de familiares de presos Etxerat las características y objetivos del reportaje. Pero, cumplido ese requisito, decide finalmente anular la entrevista porque dice que, dada "su línea editorial", EL PAÍS no puede dar cuenta objetiva de la situación en las prisiones. "Como asociación, nosotros no entramos en lo de la negociación de ETA con el Gobierno y en la amnistía. Lo que exigimos es que se libere a los que han cumplido los dos tercios de la condena y a los enfermos incurables. Denunciamos la política penitenciaria que va dirigida a aniquilar a los presos como personas y como sujetos políticos", subraya un responsable de comunicación de Etxerat que responde al nombre de Eneko. Como corolario de sus declaraciones, Eneko sostiene que "la situación en las cárceles ha ido siempre empeorando".

No es esa la opinión de otros familiares de presos. "Hemos tenido que visitar montones de cárceles españolas y no es verdad que sean una cloaca; las cosas como son", dice la madre de Koldo Carrasco. "El otro día hubo en Nanclares jornada de puertas abiertas y una fiesta. Disfrutamos mucho. Vimos dónde duermen, dónde comen, los patios...; todo limpio. Salimos contentísimos porque yo me había hecho la idea de que las cárceles por dentro debían de ser muy miserables. Sentí una gran paz al ver que está bien cuidado", indica.

La imagen tópica de las "cárceles de exterminio" que con tanto celo cultivan los organismos "antirrepresivos" dependientes de ETA ha terminado por integrarse en el imaginario colectivo de las familias añadiendo una carga morbosa de sufrimiento a quienes ya padecen lo suyo por el encarcelamiento de un hijo o un hermano. Tampoco el maltrato igualmente tópico, derivado del "odio a lo vasco" que se atribuye a los funcionarios de prisiones y a los guardias de seguridad, encuentra asiento estable. "En general, los funcionarios son educados y correctos con nosotros, aunque menos los de Madrid y de la zona centro", apunta Manuel Carrasco. "No hay maltrato a las familias, pero a veces te haces una kilometrada para ver a tu hermano y resulta que no te dejan pasar porque te falta una bobada", indica el cuñado de un recluso en Zuera.

Claro que para quienes sostienen el discurso oficial de Etxerat, los cacheos en la entrada de los vis a vis ya constituyen por sí mismos una vejación intolerable. "Si te cachean, renuncia a ver a tu preso. Si te empujan, échate para atrás. Nunca digas que te han tratado bien; tienes que decir que te han maltratado", esas eran las instrucciones de los comisarios políticos, según el testimonio de unos padres que han dejado de viajar en los autobuses contratados por las Gestoras Pro Amnistía.

Donde existe unanimidad es en la denuncia de que la dispersión carcelaria es un "castigo" extra para las familias, "una canallada que ha causado accidentes y muertes en la carretera", subraya Manuel Carrasco.

"También es una ruina económica sobre todo para familias como la nuestra que viajamos por nuestra cuenta y no recibimos ayudas porque no somos de la onda de Batasuna y pasamos de sus autobuses", indica el cuñado del preso. "Imagínese", dice, "lo que cuesta un fin de semana de viaje: gasolina, autopistas, dormir y comer fuera. Sume a eso la ropa del preso que hay que reponer y el dinero que se le da mensualmente para sus gastos extra: alimentos y bebidas sin alcohol que compran en el economato de la cárcel, que si el ventilador, la radio, la tele...". Y es que los padres hacen en muchos casos esfuerzos económicos extraordinarios para que a sus hijos presos no les falte nada material. "Nosotros le damos entre 300 y 400 euros al mes", indica Manuel Carrasco, jubilado de la empresa Michelin.

"Los días que tienes visita vas a su encuentro con ilusión, pero nunca tienes la seguridad de verle hasta que gritan su nombre ante la reja. Pero cuando aparece se te van los ojos a su cara, indagas en su expresión, su mirada, para saber si está bien, si le ha pasado algo; necesitas saber cómo anda de ánimo. Luego, con la despedida, se te cae el alma a los pies. Vuelves a casa deshecha, con esa tristeza infinita que te acompaña desde el día en que le detuvieron", comenta la madre de uno de esos reclusos que han iniciado la senda de la reinserción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010