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Reportaje:(PRE)PARADOS / 6

Sin más aval que la ilusión

En medio de la tempestad, la generación más formada también idea salidas creativas - Ellos también buscan la receta del éxito y trabajar en lo que les gusta

La tarea de los jóvenes emprendedores es clave para generar tejido productivo. Pero los que intentan innovar y montar su propia empresa se topan con un ambiente general de depresión y con la falta de financiación para sus proyectos |PARTICIPA: Comenta este reportaje en Eskup | ESPECIAL: Preparados

Trocean fruta y pelan zanahorias. Algún invitado llega de chaqueta, la deja en un rincón y se arremanga ante las tablas de cortar rebosantes de jugo de tomate. Hoy se han reunido para preparar ensaladas, pero pronto se espera de estos jóvenes emprendedores que contribuyan a la rehabilitación del tejido económico del país, un músculo deprimido a la espera de recordar cómo se camina. El evento se llama sexy salad y forma parte de los ejercicios de socialización organizados en el Hub Madrid, una nave adaptada al estilo desenfadado de las oficinas de Google, que sirve de espacio de trabajo compartido para 300 emprendedores con proyectos sociales.

Ser emprendedor es una actitud. Por eso, a la pregunta de cómo se reparten las tareas en la cocina, Pablo Gavilán, (29 años, fundador y director de Entrelectores, red social de recomendación de libros) responde: "En momentos como éste cada uno demuestra su iniciativa". Apabullado por esa ética de la acción, el reportero se enreda y acaba abandonando la cocina tras casi arruinar con una lata de maíz un faraónico proyecto colectivo de ensalada. No todos tienen el gen.

"En momentos así, cada uno demuestra su iniciativa", dice un emprendedor

"Cuando no hay expectativas, no hay miedo al fracaso", afirma un experto

En España hay 1.534.964 empresas en consolidación, según el último estudio del Global Entrepreneurship Monitor España (GEM), Biblia del sector. Los jóvenes son protagonistas en este ecosistema, como demuestra que el 17,8% de los que consolidan su proyecto sean menores de 35.

Jesús Iglesias tiene 28 años, viene de Aranda de Duero y está montando una consultoría de desarrollo sostenible. Representa el perfil de joven tremendamente formado (astrónomo, estudios en Berkeley, trabajos en la industria aeroespacial, máster en desarrollo y sostenibilidad...) y con un proyecto innovador y social. Quiere ser su jefe porque sus proyectos le estimulan más que los que le ofrece el mercado. Solo queda lanzarlo. "En mi empresa somos 10. De momento soy el único que se dedica a ella a tiempo completo. Hay que ir a por todas, pero con cabeza: no está la cosa como para dejar el trabajo a la primera de cambio".

Ese es el debate: ¿la crisis estimula o asusta? Hay toda clase de respuestas. Paris de L'Etraz, del IE Business School, asegura que es un momento fantástico ateniéndose a lo psicológico: "El miedo es fundamental, y cuando no hay empleo ni expectativas, desaparece la inseguridad ante el fracaso". Si le preguntan por la faceta material del asunto, otro experto, Jordi Vinaixa, director del Instituto de Iniciativa Emprendedora de ESADE reconoce que no está tan claro que sean buenos tiempos: "El crédito está fatal, pero está claro que hay una tendencia a emprender".

Buscarle el lado positivo a una pesadilla es típico del emprendedor. Soledad Pons (31 años), una de las impulsoras del Hub, habla con cariño de los tres años que le costó al grupo de ocho socios reunir financiación para el proyecto, juntar una comunidad de usuarios y encontrar una ubicación. Mientras, sus ahorros y seguridad permanecían en el alero. "Aprendimos mucho en el proceso", sonríe.

Ahora todos se reúnen para comer sus ensaladas en medio de la nave, un antiguo garaje presidido por un naranjo que alguien trajo de Sevilla y una barra de bomberos por la que se supone que es divertido deslizarse, pero cuya longitud invita a no intentarlo. Mientras mascan lechuga, discuten sobre sus proyectos. Jesús escucha los consejos de un empresario brasileño que le expone su sorpresa ante la poca voluntad de los comerciantes españoles para adaptarse a mercados emergentes.

Intercambio. "Los emprendedores tenemos claro que no hay que encerrarse, sino compartir ideas para crecer", dice Soledad. Los contactos son oro en un medio basado en la efervescencia.

Por eso, cuando termina su jornada laboral, Pablo acude a otra reunión de emprendedores, el Iniciador. "Nos reunimos sobre todo gente de la tecnología y las comunicaciones, que somos los más activos", explica. Responsable del lanzamiento ya de más de una empresa en relación con la tecnolgía, Pablo representa al colectivo de emprendedores más pujante, a pesar de que la mayoría de pequeñas empresas nacidas en 2009 fueran tradicionales. Fruterías, concretamente.

El Iniciador empieza con una charla de Iñaki Arrola, empresario de éxito y business angel, un benefactor que financia proyectos en pañales. La concurrencia está llena de jóvenes que beben las palabras del angel y preguntan con fervor religioso. "A mí es que nunca me ha salido bien, pero creo en mi proyecto ¿podría darme un consejo para encontrar colaboradores adecuados?", dice un veinteañero sonriente.

Individualmente todos buscan la receta del éxito. Como colectivo, los jóvenes piden un entorno que se lo ponga más fácil para despegar. Lo resume David Alva, presidente de la Confederación de Jóvenes Empresarios, cuando, pese a aplaudir las recientes iniciativas para aligerar los trámites administrativos, asegura que "nada cambiará hasta que no se pueda abrir una empresa solo con el carné en la boca".

Entretanto, el tono de la charla en el Iniciador se muestra mucho más duro que el de los emprendedores sociales. Mientras en el Hub todos son abrazos y proyectos ambientales, Arrola aconseja no comenzar nunca una empresa con la familia y pide el despido libre. Pero es después de la charla cuando comienza el verdadero trabajo: el networking. Suena peligroso, pero no lo es tanto: consiste en echar unas cañas con el resto de asistentes para buscar apoyos o conocimiento. Los emprendedores saben: las grandes historias siempre surgen en los bares.

En cifras

- El emprendedor medio en España es un varón de 36 años (según los últimos datos del informe Global Entrepreneurship Monitor de 2009). Un año antes se le atribuían 38 años. El paro juvenil ha propiciado el descenso de edad en la estadística.

- El 8,9% de los emprendedores que se encuentran en los estadios iniciales de su proyecto empresarial tiene entre 18 y 24 años; el 41%, entre 25 y 34.

- Los jóvenes representan el 17,9% de los que llegan a consolidar su propio negocio. Sin embargo, el 32,6% de los que empiezan un proyecto termina abandonándolo.

- Entre 2008 y 2009 la tasa total de emprendedores ha caído un 27,1%.

- El 45% de los potenciales empresarios españoles teme ante todo fracasar, frente

al 27% en EE UU y Francia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de septiembre de 2010

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