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Reportaje:

Los papeles de un comunista

La familia de Santiago Álvarez, fundador del PCG, dona a Comisiones Obreras todo su archivo personal

Los últimos años de su vida los pasó dedicado a recapitular. Escribió seis tomos de memorias, reivindicó antes que nadie la figura de Juan Negrín, el último presidente de la República en guerra, y reclamó atención sobre la heroicidad de las Brigadas Internacionales. Hasta el final de su vida, en 2002 y con 89 años, Santiago Álvarez Gómez permaneció en el Comité Central del Partido Comunista de España. Antes había fundado el de Galicia y mucho antes había ejercido de comisario político en el Quinto Regimiento del Ejército Popular. "Resulta paradójico, pero fue siempre, y al mismo tiempo, alguien muy gallego y muy universal", sintetiza el hijo del militante comunista nacido en Vilamarín, O Barco de Valdeorras, en 1913.

Álvarez "pensó mucho" en el vínculo entre izquierda y cuestión nacional

Carlos Álvarez Pereira se encuentra estos días en Galicia acompañado de su madre, Luz. Viajaron para asistir a la entrega de las 70 cajas de los papeles personales de Santiago Álvarez, digitalizadas y documentadas con dinero de la Diputación de Ourense, a la Fundación 10 de marzo de Comisiones Obreras. "Se trata de un archivo enorme, que abarca de la niñez a su muerte", señala el descendiente de quien dirigiera el Partido Comunista de Galicia entre 1968 y 1979. Y en él se puede rastrear la historia del siglo XX desde la perspectiva del movimiento obrero internacional.

Porque en la vida de Santiago Álvarez, que ya con 18 años organizaba a los comunistas de Valdeorras y en 1934 conoció la prisión durante la Revolución de Asturias (1934), se cruzaron las contradicciones, fracturas, desastres y victorias de su época. Ese fue el tiempo sombrío que obligó al militante a regresar clandestinamente a España en 1945, cuando el Tercer Reich había caído y la posibilidad de que Franco sucumbiese ante una invasión aliada existía, y que lo recluyó nueve años en cárceles del régimen -Logroño y Burgos. Free Santiago Álvarez and Sebastian Zapirain se titulaba uno de los panfletos de la campaña internacional por su liberación. "La movilización le salvó de ser fusilado", relata su hijo. Una vez excarcelado, se refugió en México, Cuba y Francia.

En México conoció a Luz Pereira, quien, pese a los ecos de su apellido, es madrileña "de dos generaciones" e hija de uno de los 25 hombres que, junto a Pablo Iglesias, fundaron el PSOE en 1879. "En esta familia, la izquierda está por todas partes", explica divertida en un hotel de Santiago. La izquierda y la itinerancia: la descendencia de la pareja nació en México y en Francia y en la década de los sesenta, Santiago Álvarez se encargó de las relaciones internacionales del PCE.

"Santiago viajó a China en 1968 [en plena Revolución Cultural] y regresó asombrado por lo que había visto", recuerda Pereira. Los países del Este, América Latina o los Estados africanos de habla portuguesa también recibieron al camarada Álvarez, que no en pocas ocasiones viajaba con otro nombre. "Cuando se estaba preparando la Revolucão dos Cravos [en Portugal, 1974]", añade, "a la plana mayor le interesaba mucho la opinión de Santiago". Influía la cercanía cultural entre el gallego Álvarez y los militares rebeldes lusos. Era, además, el internacionalismo, se lamenta Carlos Álvarez, "de la izquierda globalizada; ya no existe".

Precisamente una de las cuestiones que más preocupó a Santiago Álvarez, y así lo reflejan los trabajos y documentos que quedarán a disposición de curiosos e investigadores en la sede de la Fundación 10 de marzo, es la relación entre izquierda y cuestión nacional. "Pensó muchísimo sobre el problema nacional de Galicia", señala el hijo. El historiador Ricardo Gurriarán percibe en esa veta lo más valioso de lo aportado al campo teórico por Santiago Álvarez, quien en los setenta se relacionaba con los intelectuales de cierta izquierda galleguista: Alonso Montero, Celso Emilio, Díaz Pardo o Ramón de Valenzuela.

Álvarez abandonó la primera plana política en la etapa última de su vida. Y desde Madrid vivió la perestroika y el desmoronamiento del bloque soviético. "Aunque fue antiestalinista", asegura su hijo, "aquello no le hizo ni puñetera gracia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de septiembre de 2010