Reportaje:Economía global

Bielorrusia se salva

La economía de la ex república soviética retoma el aliento con fuerza gracias a la exportación de sus manufacturas

Bielorrusia ha protagonizado uno de los mejores desempeños económicos de Europa durante los ocho primeros meses del año. El último informe del Comité Nacional de Estadística refleja que su economía creció un 6,1% hasta agosto, un dato que casi triplica las previsiones del FMI, que en su informe de abril pronosticaba un crecimiento del 2,4% en la ex república soviética. La diferencia se explica por un inesperado despegue de la producción de todos sus sectores productivos, en especial, la industria, que creció a un ritmo del 9,8%.

Las previsiones del Ejecutivo confían en encarrilar el crecimiento bielorruso por encima de los dos dígitos. Los pronósticos para 2010 hablan de una horquilla del 11% al 13%, después de que en 2008 el país elevó su PIB un 10%. Este importante crecimiento solo se vio interrumpido por la crisis económica internacional, que dejó un alza de solo un 0,2% en su PIB el año pasado -una caída del 0,2% según apuntan otras fuentes-, producto de la reducción del comercio exterior con sus dos principales socios comerciales: Rusia y la Unión Europea.

El Gobierno confía en volver a crecer a un ritmo superior a dos dígitos

¿Cómo se explican estos ritmos de crecimientos asiáticos? Después de la caída de la Unión Soviética, Bielorrusia apostó por una economía de libre mercado. La apertura se realizó oficialmente en 1995, pero en la práctica el Estado continúa controlando los sectores clave de la economía y condicionando la inversión extranjera con una férrea supervisión estatal. Por ello, el motor del crecimiento en estos últimos años -responsable del alza del 8,2% de media anual desde 2001 hasta 2008- ha sido la inversión pública y los ingresos por exportaciones, fruto de su relación comercial preferente con Rusia y por su creciente nivel de intercambios con la UE.

No obstante, con la crisis se ha reducido drásticamente la recaudación presupuestaria, generando un creciente déficit público. Los primeros siete meses del año -mientras la economía crecía al 7%-, el desequilibrio fiscal llegó al 2,4% del PIB. Lo más probable es que el año cierre con un déficit superior al 3%. El Gobierno promete mejores resultados en 2011, pero los analistas advierten de la necesidad de cambiar el modelo y piden no depender exclusivamente de sus socios comerciales.

El problema es que mientras no existan estímulos para la inversión, la llegada de capitales extranjeros seguirá siendo una asignatura pendiente. Los datos indican que las inversiones de capital se incrementaron solo en un 5% entre enero y julio de 2009, muy por debajo de la meta original del 23% al 25% de comienzos de año, cuando el primer ministro, Serguéi Sidorsky, advirtió de que se debía cambiar la política de inversión y "pasar de proyectos individuales a la cooperación a gran escala con los inversionistas extranjeros".

Pero los problemas bielorrusos no sólo se limitan a la necesidad de ordenar sus cuentas públicas y a fomentar la inversión. La inflación es el otro fantasma que planea sobre las cabezas de los habitantes de la ex república soviética, un país que solo tiene un PIB per cápita de 5.500 dólares y que históricamente ha debido luchar con un alza de los precios. Desde diciembre de 2009, los precios de producción han crecido dos veces más rápido que los precios al consumo, pese a lo cual la inflación podría llegar hasta el 7,3% este año, la mitad de lo registrado en 2009. -

Dos obreros montan un camión en la fábrica MAZ de Minsk.
Dos obreros montan un camión en la fábrica MAZ de Minsk.REUTERS
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