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Necrológica:IN MEMÓRIAM

El compromiso español de François Lopez

El pasado 5 de agosto falleció François Lopez y con él perdimos a uno de los grandes hispanistas franceses. Había nacido en Marruecos, en 1938, hijo de emigrantes españoles, y contó su reencuentro con lo hispánico en una conferencia, Generaciones, alianzas y azares, recogida en el recentísimo libro Exilio, memoria personal y memoria histórica. El hispanismo francés de raíz española (2010), que Ricardo García Cárcel y Eliseo Serrano compilaron para la zaragozana Institución Fernando el Católico. Quien la lea percibirá los dones de ironía displicente e inteligencia crítica que caracterizaban a su autor; si lee también el trabajo de María Victoria López Cordón, que precede a sus páginas, sabrá más de la ejecutoria intelectual de quien ha sido muchos años catedrático de la Universidad de Burdeos y director de una de las mejores etapas del Bulletin Hispanique, la revista decana del hispanismo europeo.

Fue catedrático de la Universidad de Burdeos y dirigió 'Bulletin Hispanique'

François Lopez perteneció a una generación ya irrepetible de hispanistas franceses para quienes la vocación profesional fue acompañada de un serio compromiso con el país que conocieron durante el purgatorio franquista de los años cincuenta. No eligieron su quehacer al azar. A Lopez le interesaron siempre las letras españolas más recientes pero, como René Andioc, Guy Mercadier, Albert Dérozier y Lucienne Dommergue, buscó en el siglo XVIII un ámbito de trabajo en el que se daban tres premisas importantes: no era bienquisto por el régimen de Franco ni abundaba en estudiosos españoles; escondía, bajo su apariencia clasicista y ordenada, el hervor de una encrucijada de frustraciones y cambios; constituía un terreno naturalmente propicio a la exploración interdisciplinar que les interesaba. El personaje que escogió para realizar su thèse d'État y, al poco, su primer libro, pertenecía, en principio, al mundo reaccionario, y había concitado los odios de otros ilustrados. Lopez, sin embargo, descubrió y profundizó en lo que atisbó Maravall: que Forner era un hombre esquinado y contradictorio pero, en otros órdenes, un ilustrado cabal y más lúcido que muchos. Y el título de su espléndida monografía lo dice todo de su propósito panorámico, Juan Pablo Forner et la crise de la conscience espagnole au XVIIIè siècle (1976; hay traducción española publicada por la Junta de Castilla y León en 1999).

Nunca dejó de escribir sobre la centuria que prefería y de la que compartía algo de su espíritu: la contención reservada y el rigor exigente compatibles con el culto a la amistad y el gusto por la vida. Pero desde los años noventa se orientó con más claridad a la historia intelectual y, con especial fruto, a la de la edición y la lectura. Sean ejemplo dos libros que han marcado época: La República de las Letras en la España del siglo XVIII (1995), que escribió con Joaquín Álvarez Barrientos e Inmaculada Urzainqui, y la memorable Historia de la edición y la lectura en España 1475-1914 (2003), que coordinó (y escribió en buena parte) con Víctor Infantes y Jean François Botrel. Cavilaba muy certeramente sobre nuevas formas de historiografía literaria y, por desdicha, escribió menos de lo que pensó o conjeturó al propósito. Y de lo que hizo trabajar a los demás: ahí queda la miscelánea de trabajos ajenos (que incluye uno suyo, por supuesto) recogida en la entrega del Bulletin Hispanique, significativamente rotulada 'Penser la littérature espagnole' (2004). La convocatoria que supone este título podría ser el mejor resumen de su trabajo.

Practicaba, como sus mayores los ilustrados, el análisis riguroso de los hechos concretos; siempre trabajó con el decoro erudito de los grandes maestros que buscan, solo, los datos fiables para interpretarlos y extraer de la multiplicidad la unidad de interés que pedía Forner, quien, también, avisaba: "Entre una historia y una compilación de hechos hay la misma diferencia que entre un edificio y los materiales de este mismo edificio dispuestos con separación para ejecutar la fábrica". Sabía que el fait divers, la anécdota, encierran valor de categoría, que el estudio de un suceso puede explicar la mentalidad de una colectividad o una época, como él lo hizo con Lorenzo Normante o con Fray Diego de Cádiz.

Fue sabio, generoso colega y fiel amigo. Quizá en su última mirada al mare nostrum, pensó, como Cienfuegos, "Amé, me amaron, me amarán por siempre". Terra sit levis.

María Dolores Albiac y José Carlos Mainer son catedráticos de la Universidad de Zaragoza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de septiembre de 2010