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Reportaje:Talentos

El viaje cósmico de Jordi Skywalker

Reaparece el carismático cantante de Buenas Noches Rose 12 años después

A sus 22 años, Jordi Piñol, más conocido como Jordi Skywalker, era un gigante sobre el escenario. Un imprevisible e insólito chamán del rock and roll, hipnótico, y de voz sobrecogedora. Un espectáculo. Pero un día en su cabeza sonó un click. Buenas Noches Rose, una de las mejores bandas madrileñas de rock de los noventa, herederos del sonido sureño de The Black Crowes, se quedaba sin el más carismático cantante español de los últimos tiempos. El grupo acababa de firmar un contrato con una multinacional, pero Skywalker voló a Almería con su novia hispanofrancesa a encontrarse a sí mismo."Tuve una crisis personal y espiritual", explica Jordi por teléfono. "Agarré un macuto, una furgoneta y me fui a descubrir mundo con la mujer de mi vida. Al firmar por una multinacional nos empezábamos a cargar el concepto del grupo y me largué". Entonces, Jordi vivía en el centro de Madrid, compartiendo piso con su amigo íntimo Rubén Pozo, ex guitarrista de Buenas Noches Rose y ahora 50% de Pereza. "Desaparecí para hacer un graduado de amor cósmico". Primera lección de ese graduado: "Romper las ataduras que nos impiden crecer como personas", expone Jordi. "Lo que más me dolió fue dejar colgados a los chicos".

Poco se ha sabido de Skywalker hasta ahora. Reaparece con 35 años y un disco artesanal, Corazón de padre atómico, grabado en un carromato a las faldas del Moncayo, en la comarca de Tarazona (Zaragoza), donde vive en una finca cedida junto a su familia y un burro. Es una de las últimas paradas (por ahora) de un alucinante viaje de ida y vuelta, que comenzó en el cabo de Gata, Cádiz, hace 12 años. "Nos fuimos con la furgoneta, de playa en playa, pintábamos, vendíamos fotos por los pueblos... A los 10 meses nació mi primer hijo". Se va a vivir a Las Alpujarras granadinas y hace una vida de hippy en constante "reconciliación con la madre tierra". En 2003, revueltos con la guerra de Irak, Jordi, su familia, un burro, una yegua y un caballo emprenden una "caravana andante de paz" hacia Noruega. No llegaron a salir de Las Alpujarras. "Tuvimos un accidente y el caballo se despeñó por un barranco. Allí nos quedamos junto a unos mongoles que tenían unas yurtas [las tiendas de campaña de los nómadas de Asia Central] en Las Alpujarras". De pronto Jordi recibe una oferta de trabajo desde Francia para trabajar en una granja de asnos. Su labor: burroterapia. Es decir, ayudar a gente con problemas físicos a superarlos gracias a los burros.

Allí pasan tres años hasta que vuelven a recuperar la idea de recorrer España en burro. Comienza otro viaje desde la Bretaña francesa hasta Andalucía. Pero Jordi quedó hechizado por el Moncayo. Allí vive ahora en una finca vacía que le cedieron para rehabilitarla. En su carromato grabó una maqueta que pasó a sus amigos y que llegó a manos de Rubén Pozo, que ha producido su disco de regreso. Jordi asegura que era el momento de reaparecer, que ha salido solo, sin forzar nada. Aunque todavía no sabe si con esto ganará dinero. "Solo espero que me sirva para llevar a mi hijo al dentista", explica el cantante que ya prepara una gira por España, casi seguro, en burro, claro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de septiembre de 2010