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Reportaje:

El 'blues' que mató a La Cabra Mecánica

Lichis explica por qué disuelve el grupo que le hizo famoso

No le ha bastado haber conseguido un estilo reconocible ni que algunas de sus canciones se conviertan en éxitos. Miguel Ángel Hernando (1970, Barcelona), más conocido como Lichis, quiere finiquitar su proyecto personal, La Cabra Mecánica. El 15 de septiembre, en las fiestas de Fuenlabrada, será una de las últimas oportunidades de disfrutar de su rumba promiscua y con tendencia a mezclarse con cualquier ritmo. El año que viene quiere dar un portazo a todo eso para tocar blues y country sin adulterar. No descarta una aventura como unirse al grupo G-5, en el que militan Kiko Veneno o Los Delinqüentes.

"A partir de diciembre, cuando terminemos los compromisos y la gira con Fito & Fitipaldis, pasaré a llamarme Miguelito", contaba hace unos días en una sala de conciertos de Madrid. Lichis renuncia a la garantía que da anunciarse con el nombre que le dio fama y recurre a su apodo para presentar sus acústicos y conciertos con otras formaciones, con lo que sus fans andan algo despistados. "Llamadme Mari Carmen", le quita importancia este tipo desenvuelto que llegó a Madrid a principios de los setenta. Aún quedaba mucho para que se publicara Vestidos de domingo (2001), que triunfaría gracias a temas como La lista de la compra, que piropeaba a María Jiménez con aquello de "tú que eres tan guapa y tan lista".

"He hablado con Muchachito y Los Delinqüentes para entrar en el G-5"

"A partir del año que viene, me llamaré Miguelito", explica el músico

Empezó tocando en el metro, cerca del instituto de San Mateo, donde estudiaba. Pronto tuvo claro que quería dedicarse a aquello profesionalmente "Empecé a trabajar como bajista. Era de los más jóvenes y me dejaban entrar en todos los locales de La Nave, que era donde ensayábamos. Me aconsejaban, yo iba aprendiendo. Era una satisfacción tener en la nevera tus lentejas, que te habías ganado como músico", recuerda. "Tocaba un poco de todo. En grupos de rock'n'roll tipo Elvis, como Montana, o La Pocilga".

Ahora vuelve un poco a aquella filosofía. Cuando no es La Cabra Mecánica, Lichis ya ha empezado a intercalar versiones de esos estilos que añora. Así, alterna el sabor estadounidense de Hank Williams ("una especie de Bruce Springsteen 2.0", bromea) con el regusto de sus propias composiciones, llenas de raciones de calamares, mala leche y bodegas trasnochadoras: "Hay un sentimiento en lo que yo hacía y la forma de cantar de Howlin' Wolf o Muddy Waters en el que puedes encontrar un punto común, un vínculo". Ese vínculo le sirve para permitirse estos divertimentos. Falta le hacía: "A veces, en los conciertos de La Cabra, miro la lista de canciones y me da pereza tocar todas las que me quedan". Por eso homenajea a Willie Dixon -y a Muddy Waters, y a los Rolling Stones, y a tantos otros- cuando se atreve con I wanna make love to you. Sentida, sin aspavientos, sin intentar acanallarla. No le verán cantar así cuando se trata de hacer el cabra.

"A un músico le puedes ver un día tocando jazz, y al siguiente funk. Yo siempre he tenido varias historias en marcha. Pero la gente te clasifica en un estilo, y es complicado salir de ahí. Las modas y las etiquetas las necesita el público, no los músicos", comenta. Y aclara: "Yo no tengo problema en tocar Felicidad o La lista de la compra, me gustan esas canciones. Pero preferiría centrar la atención en otras facetas mías". La apuesta por la rumba fue una decisión consciente que tomó a finales de los noventa. "A Lavapiés llegaba gente de todos lados. Yo sentía como mío este género, que me permitía improvisar con un senegalés o con quien fuera... Yo nací en el barrio de Gracia [en Barcelona], por lo que la rumba es algo que he vivido desde pequeño", asegura.

Así que ahora decide aparcar la jarana del ventilador y las palmas. Aunque claro, tratándose de este tipo, lo normal es que se haga un grupo paralelo. "Con Los Delinqüentes y Muchachito me llevo muy bien. Estuvimos hablando en el Viña Rock. Entre margarita y margarita, nos planteamos que yo me uniera a ellos en el G-5, que supongo que se pasaría a llamar G-6", desvela.

Sus letras también se transformarán. Esas rimas arrabaleras, tan de taberna, le han ganado muchos seguidores, pero él quiere probar cosas nuevas. "Suelo hacer parrafadas. Me apetece escribir más simple. Contar más con menos", pronostica con cierta ilusión.

No le pidan que defina más precisamente en qué va a consistir Miguelito: ya ha dado bastantes pistas, y no le gusta encorsetarse. Lichis, bajo el nombre que sea, va a seguir subiéndose a un escenario para hacer lo que le pida el cuerpo. Hasta para los que más lamentan el final de La Cabra, son buenas noticias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 2010