EXPOSICIÓN | Verano

El zulo del 'Efebo de Antequera'

La familia que halló la obra en su finca en 1955 la escondió durante tres años

Cuando Enriqueta Jiménez tenía cinco años pensaba que su abuela Clotilde guardaba "un hombre muerto" en un cuarto del cortijo que tenían en Antequera (Málaga). La figura de un hombre de bronce, de 1,54 metros, que un día de 1955 emergió de la tierra cuando la familia trabajaba en el campo con el tractor, permaneció escondida bajo llave durante tres años en los que su hallazgo se mantuvo en secreto. Más de 50 años después, la escultura romana del siglo I después de Cristo, conocida como Efebo de Antequera, es una pieza valorada a nivel internacional. Hasta el próximo 30 de octubre estará expuesta en el Palacio Episcopal de Málaga, en lo que será su último viaje fuera de Antequera.

Los Jiménez se vieron obligados a verder la figura por 500.000 pesetas
Tras la exposición en Málaga, la escultura no volverá a salir del pueblo

"Fue encontrada de manera fortuita en el cortijo Las Piletas, propiedad del señor Jiménez Blázquez. Un tiempo después, su viuda donó la escultura al Ayuntamiento de Antequera", explica el triptico de la exposición. Sin embargo, según Enriqueta, las cosas no fueron del todo así.

El señor Jiménez murió tres años después del hallazgo, dejando a su viuda con cinco niños pequeños. Enriqueta asume que fue una "imprudencia" de su madre que el secreto empezara a correr por el pueblo. Primero se enteró el director del museo de la localidad, después se interesaron por la escultura unos arqueólogos alemanes. Y así, con el boca a boca, se acabó enterando todo el mundo.

Entonces, a los gastos y preocupaciones de la familia, se sumaron las presiones de las autoridades. Todos querían atesorar la pieza. Incluso les amenazaron con expropiarles la finca. Su única tierra, aquella a la que la familia había bautizado como el Cerro de los Tesoros por la cantidad de piezas de orfebrería que de allí salían y que utilizaban para adornar las estancias.

A Enriqueta aún le duele que su madre se viese obligada a vender el Efebo al Ayuntamiento por medio millón de pesetas en 1958. "Una porquería", dice consciente del valor incalculable de la obra, que se compara con el Efebo de Porta Vesubio, de Pompeya, o el Apolo de la Colección Sabouroff, del Museo de Berlín.

Pero fue así como el Efebo abandonó para siempre Las Piletas y pasó de asustar a los niños que lo confundían con un cadáver a convertirse en símbolo de Antequera. Expuesto en el museo municipal, la fama no tardó en llegar y empezó a requerirse su presencia en una y otra ciudad. Viajó a Madrid, Roma, Berlín. Salió del pueblo hasta en ocho ocasiones y en junio de 2004 fue declarado Bien de Interés Cultural. Su visita a Málaga, está vez sí, será su último viaje lejos de tierras antequeranas.

Aunque se desconoce el origen exacto de la escultura, los especialistas creen que debe de ser una copia romana de un original griego del periodo clásico (siglo V antes de Cristo). Por su postura, consideran que es la recreación de un sirviente de los muchos que trabajarían en la villa romana sobre la que hoy se levanta el cortijo.

Las salas de banquetes solían adornarse con figuras a tamaño real de mancebos para confundirse con los sirvientes, tal y como ilustran algunas pinturas pompeyanas de la época. Eran concebidas para pasar desapercibidas. Y así, desapercibido, hubiera pasado para siempre el efebo antequerano en el cuarto de la abuela Clotilde. Solo falló la prudencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 12 de agosto de 2010.

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