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Análisis:

Microrrelatos

Cuando desperté, el jabalí tomó carrerilla y embistió contra un árbol. Fue un leñazo seco en plena jeta que dejó al animal con lo más parecido a una cara de tonto que pueda poner un jabalí en esas circunstancias. Deduje entonces, ayudado por la mosca en la esquina del televisor, que aquello debía ser un documental de La 2, y esperé con ansiedad la explicación del locutor a una escena tan fastidiosa. "La vida en la estepa", dijo el locutor, "puede ser implacable bajo el cielo septentrional". ¿Cómo? Pero qué tendrá eso que ver con el jabalí torpedo, recuerdo que me pregunté con los párpados ya medio cerrados otra vez.

Cuando desperté, el coche que echaba chispas por el guardabarros estaba siendo perseguido a corta distancia por otro vehículo que, justo un momento antes de que yo me despertara -así me lo revelaron las cinco repeticiones subsiguientes-, se había atizado de costado contra el quitamiedos del arcén derecho y había salido rebotado por tanto hacia el arcén izquierdo en aparente persecución del coche que echaba chispas, por alguna razón cuya relación con todo lo anterior no resultaba obvia. Ya lo explicará el locutor, me dije mientras caía en un espeso sopor.

Cuando desperté, el partido de vóley-playa seguía allí.

Cuando desperté, un coche similar al que echaba chispas saltaba un montículo con ostentación tan solo para aterrizar derrapando en un barrizal y poner hecha un cromo a una parte sustancial del respetable. Antes de que el locutor pudiera comentar aquel infortunio, apareció un nuevo vehículo volando sobre el montículo y repitióse todo, y así hasta siete veces mientras pude mantenerme consciente. Después fuese y no hubo nada.

En ese momento me despertó el móvil. "¿Quién perturba?", dije. "¡Oye, Hildy!", dijo el jefe (siempre me llama Hildy, y yo le llamo a él señor Burns), "¿tú sabes que llevas hoy la columna de televisión, muchacho?". Oh, desde luego, señor Burns, ahora mismo estaba haciendo el trabajo de campo. "¡Trabajar en el campo, Hildy, es lo que vas a hacer como no entregues la columna en este mismo instante en que te estoy colgando!".

Cuando desperté, el partido de vóley seguía siguiendo allí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 2010