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Reportaje:

Exorcismo escatológico

El artista Xoán Casal expone durante un día 34 lienzos realizados con bosta de vaca en una granja abandonada

Se trata de pintar cuadros con excrementos de ganado vacuno para reivindicar e incluso "buscar la dignidad" de la bosta como materia prima en el arte, aunque eso sí, "sin que pierda su connotación de mierda". Éste es el propósito de Xoán Casal Vidal, un artista que se declara "sin perjuicios ni tabús", con la insólita aunque efímera muestra que celebrará hoy en una granja abandonada del municipio coruñés de Vilarmaior. Expondrá 34 lienzos realizados con boñiga mezclada con esmaltes y acrílicos con el fin de provocar una especie de exorcismo: "[Remover] las miserias humanas que todos llevamos dentro y nos obligamos a esconder".

"Estoy convencido de que sacar fuera esa mierda, hablar de ella y ponerla en primer plano y mirarla nos hace mejores personas. Todos sin excepción metemos mano en la mierda algún día, voluntaria ou involuntariamente", explica en su currículo el pintor y escultor que en plena catástrofe del Prestige ya protagonizó performance artísticas con el torso desnudo y cubierto de chapapote para denunciar la inmundicia de la marea negra que tiñó las costas atlánticas de Galicia y el norte de la Península Ibérica hace ahora más de siete años.

Casal: "Todos metemos la mano en la mierda, voluntaria o involuntariamente"

La escatológica exposición, denominada Serie Dung (estiércol en inglés), sólo durará un día. Ninguno de los 34 cuadros sin enmarcar e instalados entre fardos de paja lleva título para no influir en la intepretación de quienes se acerquen esta tarde hasta la granja de Millán para observarlos. Pero cada obra cuenta una historia o denuncia una situación, como la del continente africano herido de muerte por el hambre y el sida o una peculiar representación de lo que Casal llama "el sinsentido afectivo del siglo XXI". Un hombre solitario rebuscado entre sus pobrezas o la representación de una familia rota son otros de los temas abordados en esta exposición.

El artista destaca en su trayectoria vital la importancia de la bosta de vaca, en la que aprendió a dibujar con una vara durante las largas horas muertas de su infancia en una aldea de Miño (A Coruña). Entonces era el encargado de vigilar las vacas mientras éstas pastaban en el prado. Pero igual de fundamental en su existencia, destaca el pintor Casal, es el mar. Tierra y oceáno son de hecho los dos elementos que procura liar en los lienzos con boñiga que creó en homenaje a las Mariñas de su comarca natal, la de Betanzos. El estiércol cobra, gracias a los esmaltes, un color azul profundo en esos lienzos dedicados al mar. La efímera muestra en la granja abandonada de Vilarmaior incluye una obra del escultor Moncho Amigo, titulada Maternidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 2010