Necrológica:
Perfil
Texto con interpretación sobre una persona, que incluye declaraciones

Antonio Gamero, un castizo de izquierdas

Se convirtió en actor después de que se le impidiera dirigir por su ideología

Otro de esos grandes secundarios de lujo que han tenido las pantallas españolas en las últimas décadas deja un gran vacío en el cine, en el que participó con más de 200 papeles. Antonio Gamero (Madrid, 1934) empezó como actor en teatro con grandes clásicos contemporáneos y en el cine con José Luis García Sánchez, en El love feroz, con quien también hizo su última película, Don Mendo Rock ¿la venganza?, que se estrenará a finales de año. Entre una y otra se cuajó entre ambos una amistad inquebrantable. También trabajó en Furtivos, Divinas palabras, Todos a la cárcel y Amanece, que no es poco.

Como hombre comprometido con la izquierda empezó su militancia cuando estudiaba en los maristas. Fue a los 14 años y en un confesionario. El cura que oficiaba le echó con cajas destempladas después de que se confesara ateo perdido. Posteriormente, en 1957, ingresó en el Partido Comunista, donde su seudónimo era Alejandro. Los avatares en su célula inspiraron a Jose María González- Sinde en la película ¡Viva la clase media! Pasó dos años en la cárcel, no sin antes recibir una brutal paliza en la que le rompieron los tímpanos. Tuvo que usar audífono toda su vida.

Le rompieron los tímpanos en las cárceles del franquismo
Más información
Culto, sofisticado, avanzado y complejo

Tras salir de la cárcel no pudo dirigir, oficio para el que se preparó en la Escuela de Cine, y los guiones que escribió los firmaba con el seudónimo de Pilar García. Hizo de la necesidad virtud y se convirtió en actor. "Le dimos todos los amigos trabajo, le estábamos enormemente agradecidos por no habernos delatado", comenta García Sánchez, quien definió ayer a Gamero como un castizo de izquierdas poseedor de un valor que no está homologado: "Era simpático, te hacía sonreír siempre, el anecdotario de Gamero da para un libro..., habrá que hacerlo", comentó el cineasta, quien confesó estar "jodido": "Todo lo de Gamero siempre ha dado mucha risa y esta putada que nos ha hecho no tiene maldita gracia, pero qué le vamos a hacer, era su carácter".

Gamero, que murió ayer por la tarde en Madrid, también estudió derecho, época en la que se hizo forofo perdido por el jazz, el baile y las cañas; se consideró comunista hasta el final de su vida, y siempre decía: "El comunismo me hizo persona".

Entre sus famosas frases que aún corren de boca en boca por lo que queda de bohemia en Madrid, y entre la gente del teatro y el cine, está la siguiente: "Si tienes penas, no se las cuentes a los amigos, que les divierta su puta madre".

Siguiendo la estela dejada por su íntimo amigo Rafael Azcona, que dijo que le hubiera encantado ser autor de la famosa frase de Gamero, "como fuera de casa, en ningún sitio", el actor dejó orden de que no se diera a conocer dónde ni cuándo iba a ser incinerado.

Antonio Gamero en el Café Gijón, en 2004.
Antonio Gamero en el Café Gijón, en 2004.SANTI BURGOS

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS