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Entrevista:EN PORTADA | Ferdinando Scianna

El alma de Sicilia

"Mis fotos, hasta las de moda, son un exorcismo de la luz despiadada de Sicilia", cuenta Ferdinando Scianna. Para el gran creador de Bagheria, que ha reunido su obra en varios libros, "la foto es un documento" basado en el relato y la memoria.

Dice el fotógrafo Ferdinando Scianna que a menudo se pregunta qué hubiera sido de él al no haber nacido en Bagheria, corazón barroco de Sicilia, a 20 kilómetros de Palermo. "Me atormento: ¿por qué allí y no en Düsseldorf, por ejemplo? Me siento como quien crece con graves problemas psicológicos con su madre. Te puedes afligir hasta la muerte, pero tienes que arreglar tus cuentas con ella. La Casualidad, única divinidad, decidió por mí". Sicilia es un destino, una maldición que ha perseguido al fotógrafo italiano (Bagheria, 1943) mil kilómetros más al Norte en su estudio de Milán, con la lluvia que martilla fuera del ventanal y un claro grisáceo que lo envuelve todo. La presencia de aquella madre madrastra, amada y odiada, se nota en todas partes. Y sobre todo, en las imágenes que forran las paredes. Gigantes impresiones fruto de una vida volcada en el oficio. Aquella isla honda y negra, toda contrastes, violenta en sus encajes de sombra y luz, sin matices, ha dejado huellas en toda su producción, ya sea una procesión en Palermo, un perro encorvado y esbelto en Benarés, un niño bostezante en Kami (Bolivia) o una modelo con un vestido de Dolce & Gabbana en Milán. "Puedo ver el mundo solo por el prisma de Sicilia", dice el fotógrafo, ganador del Premio Internacional para la Libertad en la ciudad toscana de Lucca. El jurado, que galardonó también al veterano enviado de Il Corriere della Sera Ettore Mo, consideró que con sus imágenes "supo capturar las transformaciones de individuos y sociedad". Algo que en 1987 le abrió las puertas de la agencia Magnum, primer italiano y sobre todo primer miembro que trabajaba también en la moda ("fue como si en los años cuarenta un negro hubiese acudido a los servicios destinados a los blancos", recuerda en el espléndido documental de Giampiero D'Angeli y Alice Maxia, www.giart.tv). "Empecé porque no quería ser médico o abogado como querían mis padres. Hacía fotos en el pueblo, de las chicas que me gustaban, de los vecinos, de las fiestas. Siempre tenía la sensación de que lo que capturaba estaba a punto de perderse. Como fotografiar Pompeya el día anterior a la explosión del volcán". Las primeras imágenes confluyeron hace años en un libro, Quelli di Bagheria. Hace unos meses publicó en España Las palabras y las fotos, editado por el Ministerio de Cultura, que recoge las ponencias de los Debates en torno a la fotografía organizados por PHotoEspaña y moderados en 2009 por Scianna y Antonio Ansón. Y ahora ha publicado en Italia un nuevo libro: Etica e fotogiornalismo (Electa).

"Sicilia es violenta, como su sol. Allí aprendes de pequeño a esquivar la luz del sol, porque te asa los pies y daña los ojos, y a buscar la sombra"

PREGUNTA. En la introducción de Las palabras

... escribe que el título suena "provocadoramente contradictorio".

RESPUESTA. Contradictorio no por mí. Mi concepción de la fotografía se centra en la idea del relato y de la memoria. Lo mismo que sustenta la literatura. Esta consideración resulta provocadora para la deriva de la noción de fotografía en la cultura contemporánea. La fotografía fue históricamente vivida y pensada como instrumento de documentación y testimonio. Sirvió para guardar nuestra memoria, la huella del tiempo que corre inexorable. Era escritura de la realidad. Hoy ha mutado su concepto central. Se mira, se muestra y se usa la imagen fotográfica como cualquier objeto estético. Se exige un acercamiento a ella igual al que requiere un cuadro.

P. ¿Un ejemplo?

R. A nadie se le ocurrió jamás montar una polémica sobre quién era el hombre a punto de ser fusilado en la pintura de Goya. Sin embargo, sobre el miliciano de Robert Capa se levantan un montón de interrogantes. Esto demuestra que una foto se interroga como huella de la realidad y no solo como imagen estéticamente convincente o conmovedora. Por esta razón no hacen un favor a Capa los que ahora zanjan la cuestión: "No importa saber si el varón de la foto fue fusilado o murió de viejo al cabo de muchísimos años. De todos modos es una imagen potente y bellísima".

P. ¿Importa?

R. Es fundamental. La foto es un documento. Un fragmento de espacio y de tiempo único e irrepetible que se queda atrapado en un papel plateado.

P. El miliciano de Capa es un símbolo de una gran tragedia civil.

R. Esta tarea le toca a Goya. No existe la fotografía en abstracto. Cézanne sí podía pintar manzanas sin tenerlas enfrente. La foto de un fruto, al revés, representa aquel particular fruto en aquel instante preciso. No puedo disparar y capturar la imagen de algo visto dos horas antes. Pero podría pintarlo. Si, como está pasando hoy, se emprende el esfuerzo conceptual de quitarle a la fotografía su sustancia de documento, si se le cose encima una presunta función poético-simbólica, se distorsiona su razón de ser. Se transforma en otra cosa. En arte, en lo que Aristóteles definía un objeto de creación subjetiva y arbitraria. Se cuelga en los museos y sobre todo se le cambia la etiqueta del precio.

P.¿Una foto no es creación subjetiva?

R. No. No me considero un creador, sino un receptor. Soy un intérprete. Capturo un trocito de realidad, no la construyo.

P. ¿Está muriendo entonces la fotografía como documento y memoria?

R. Está en vías de extinción. Nació en la época positivista, en la primera mitad del siglo XIX, cuando el hombre quiso ordenar, comprender y dejar constancia de la realidad. Aquel impulso fundamental ya no caracteriza nuestro espíritu. Lo demuestra claramente lo que pasa con el NIE. Siempre ha llevado un retrato, ahora están pensando sustituirlo con un chip.

P. ¿Es culpa del digital?

R. Más bien fue al revés. La explosión del digital es una consecuencia de la deriva de este oficio.

P. ¿En una época tan obsesionada por la imagen?

R. Es verdad, hay sobreexposición. Pero la imagen ya no se usa para establecer un contacto con la realidad, para documentarla y testificarla. Todo lo contrario. La imagen domina la realidad. Paradójicamente, oculta la verdad, edulcora el mundo, lo retoca, es pura cirugía estética.

P. ¿Usted ya no hace fotos entonces?

R. Cada vez menos. Cuando me las piden. Estoy digitalizando miles y miles de negativos y pruebas. No tengo tanto empuje para salir a la calle cámara al cuello.

P. Cámara al cuello estuvo en España, con Leonardo Sciascia, su gran amigo.

R. Sciascia fue un amigo, un maestro, un compañero: el pilar de mi vida. En 1963, alguien lo llevó a comer en Bagheria. Yo era un chaval cualquiera aficionado a la fotografía y tenía montada una exposición en el pueblo. Por casualidad Sciascia entró a verla y dejó un comentario muy gentil con su contacto. Cuando fui a conocerle me propuso hacer juntos un libro sobre las fiestas religiosas en Sicilia [que ganó el prestigioso Premio Nadar]. Fue un flechazo. Tuvo que morir para separarnos. Debo a él mi enamoramiento por España. Sobre todo por el Sur, tan afín a Sicilia. Hay algo en Andalucía que me hace sentir en casa.

P. Pero lleva lejos de la isla desde 1967.

R. El amor por esa tierra siempre es oscuro, atormentado. A menudo obliga a poner distancias. Es bipolar, una continua contradicción entre afecto y rencor.

P. Giuseppe Fava [periodista que la Mafia mató en 1984] escribió que su relación con Sicilia lo hacía sentirse como alguien perdidamente enamorado de una prostituta. La pasión te ciega, pero racionalmente la rechazas.

R. Así es. Por eso de Sicilia no te vas. De Sicilia huyes. Y no basta. Es violenta, como su sol. Allí aprendes de pequeño a esquivar la luz del sol, porque te asa los pies y daña los ojos, y a buscar la sombra. Por haber nacido allí, veo el mundo como un choque de luz y sombra, blanco y negro, un contraste neto, sin grises. Cartier Bresson me confesó que consideraba el momento ideal para tomar fotos una mañana con luminosidad velada, tintes matizados. ¡Yo ni me la puedo imaginar! Mis fotos, hasta las de moda, son un exorcismo de la luz despiadada de Sicilia.

P. ¿No piensa volver nunca?

R. Quizás a morir. Una tierra perfecta para morir.

Las palabras y las fotos: literatura y fotografía. Words and photographs: literature and photography . PHotoEspaña 2009. F. Scianna y A. Ansón (editores). Traducción de Herrán Commbs. Ministerio de Cultura. Madrid, 2009. 423 páginas. 22 euros. Etica e fotogiornalismo. F. Scianna. Electa. Milán, 2010.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de julio de 2010